Carta desde Kingston, Rhode Island

•octubre 19, 2008 • 4 comentarios

Queridas amiguitas:

Aurora al final se fue haciendo amiga del Honda y dejó de refunfuñar acerca de si el coche tenía diez años y todas esas cosas.

Por lo demás, el viaje transcurrió con normalidad. Atravesamos de nuevo Oklahoma. Con Oklahoma todos tienen un cierto cachondeo, dicen que son los más paletos. La verdad es que dan en general un poco de imagen de “Cletus”, pero están orgullosos de ello.

Antes de llegar a Oklahoma, todavía en Texas, visitamos el cañón de Palo Duro, que es el segundo más grande después del Gran Cañón. Nos quedamos con el mal sabor de boca de no haber podido visitar el famoso Gran Cañón, pero dependemos de los cochoes.

En Henryetta, Oklahoma, fue donde les dió por preguntarme si soy irlandés y desde entonces me lo han preguntado varias veces más esta semana. Me ven con mis camisetas reivindicativas, mi barbarroja y mi acento raro y me ubican en la tierra de Eriu. Así son ellos. Lo celebro.

En general hemos tenido muchas carreteras preciosas en Arkansas, Tenessee, Virginia, Pensilvania… y es que comienza el otoño y los colores son impresionantes. Lo ves en una postal y parece “photoshop”, pero o han inventado el photoshop tridimensional o esto es el otoño más bonito que he visto nunca.

Toda la parte del sureste de Arkansas y sudoeste de Tenessee son zonas bastante deprimidas. Era muy dificil encontrar moteles y en general había muchísimas casas abandonadas, muchísimos afroamericanos y muchísimos campos de algodón. Estos dos últimos factores han ido desgraciadamente unidos durante mucho tiempo.

El primer couchsurfing de la semana lo tuvimos en la ciudad de Nashville, la llamada ciudad de la música. Nos acogía DeeDee, una chica de Milwaukee que había viajado por Italia y estaba enamorada de dicho Estado, al igual que nosotros. La pena es que llegamos muy cansados y no pudimos disfrutar de la ciudad, DeeDee vivía en una de estas casas en las afueras y coger el coche no nos apetecía nada. Sólo vimos el centro una media hora y nos fuímos con la sensación de estar perdiéndonos una ciudad con mucha vidilla, la música se respiraba por todas partes.

A mediados de semana llegamos al Estado de Virginia que nos sorprendió gratamente. Ellos se consideran “sudistas” pero nosotros lo consideramos el comienzo del Este, y es que las casas empiezan a ser muy diferentes. No sólo las casas, también la configuración de los pueblos, que tienen más vida, como Wytheville, donde pasamos una noche, o Staunton. Toda esta zona junto a los montes Apalaches tiene preciosos paisajes muy diferentes a todo lo que íbamos dejando atrás.

En la localidad de Staunton tuvimos una gran alegría gastronómica porque estábamos más que descontentos con la comida americana. Los yankis que conocíamos en Japón nos decían que echaban de menos algo de variedad alimenticia, así que nos hicimos a la idea de encontrarnos una gran diversidad de alimentos insalubres. Pero no ha sido así. Hamburguesas, las que quieras, algunas muy ricas. Pizzas de todo tipo, la mayoría malas. Muchísimos Burritos, algún kebab. Poco más. Nos hablaban de los “mom and pop restaurants”, así llaman a los restaurantes de toda la vida, donde te sientas, te lees una carta, te atiende alguien medianamente majo nativo del lugar y todos tan amigos. Pero no encontrábamos nada. O bien encuentras cadenas, o bien encuentras imitaciones de las cadenas. Pero en Virginia, en Staunton, encontramos por azar un sitio llamado “Mrs Rowe´s” de comidas locales que fue una agradabilísima sorpresa. Muchas cosas insanas, por supuesto, pero diferentes. Es curioso las cadenas lo que anulan culturalmente a un pueblo, desaparece toda la diversidad y se avanza hacia la uniformidad, en este caso alimenticia, comida caca por todas partes. Hay gente a la que le gusta, lo respeto, pero el problema llega cuando hasta en el pueblo más perdido sólo encuentras un McDonalds y los viejos del pueblo se reúnen allí para contar sus batallitas. Es lo más triste que puede pasar. Yo desde aquí reivindico la “slow food” y la manera de comer que tenemos en Castilla y en tantos otros pueblos del sur de Europa, donde te sientas, tomas varios platos, un buen vino u otra cosa, y pasas una hora o más tiempo comiendo, hablando con los amigos, la familia, quien sea. Aquí hemos comido con algunas familias, muchas veces comen fast food, otras veces alguien cocina pero en vez de sentarse todos juntos cada uno se coge su plato y se va por ahí, o se sientan y comen rápido en cinco minutos… las comidas con mis abuelas (ambas, en Madrid o Valencia), largas, contundentes, agradables, es de lo mejor de mi cultura, perderlo sería lamentable.

De Virginia fuimos a Pensilvania, donde nos acogió Rita en la ciudad de Harrisburg. Esto fue interesante porque fue nuestra anfitriona “de rebote”. Habíamos contactado con un chico de couchsurfing pero el no estaba y lo arregló todo para que fuésemos a casa de su amiga Rita. Rita y su marido Gerald vivían en un barrio esencialmente africano, su familia había vivido en EEUU por varias generaciones pero ambos tenían ascendencia alemana. Esto nos llevó a una interesante conversación porque a veces en la radio hay Losantos yankis que dicen que si toda esta gente mexicana (o de donde sea) que viene a invadir la tierra de sus ancestros… lo que es una barbaridad, porque los únicos que podrían decir eso son los nativos americanos (cherokees, navajos, apaches, etc), y no todos estos que son inmigrantes igualmente, aunque de más generaciones.

Nos contaron Rita y Gerald que tenían una hija que era una enamorada de Madrid. Lamentablemente no pudimos conocerla, ya será a la próxima. Fueron una pareja encantadora que cuidó de nosotros fenomenalmente.

Y así llegamos finalmente a Kingston, Rhode Island. El viaje fue duro, había que pasar cerca de Nueva York y allí hay un inmenso conglomerado de autopistas, muchísimas de peaje. Pagamos alguno, pero nos cansamos de ello y decidimos buscar un atajo. Nos metimos en plena ciudad, empezamos a ver personajes raros raros raros por todas partes… al final vimos un cartel, “Bronx City”. Todo esto del Bronx, esta fama que tiene tendrá una gran parte de leyenda urbana, no sabemos, pero vimos una cantidad de seres extraños por metro cuadrado que ni en San Francisco. Queríamos haber sacado una foto para nuestros amigos bronxtoleños, pero no pudo ser.

La jornada acabó en Kingston, donde nos acogen Brett, Adam, Jessie y Dan , cuatro chavales que rehabilitaron una casa del siglo XIX a cambio de que les dejasen un alquiler barato. Pagan en total unos 600 euros por una casa que es bien grande, con seis habitaciones, cocina, dos baños y dos salones. Aquí está el campus de la universidad de Rhode Island, donde estudian Jessie y Dan. Los otros dos trabajan (Adam, que por cierto es una versión de Albareto) o lo intentan (Brett).

La primera noche nos llevaron a cenar a un sitio de pescados, Aurora está contentísima porque llevamos un par de meses sin tomar nada salido del mar.

Toda esta zona es muy diferente, los pueblos son parecidos a los ingleses (o eso creo, nunca he estado en Inglaterra, pero por las fotos…)

Al final entregamos el coche, aunque fue un lío. El tipo de Los Ángeles de Driveaway nos ha dejado un muy mal sabor de boca, un liante de cuidado. Llamamos al cliente y resultaba que el había dicho que el coche había que llevarlo a Massachusetts. A nosotros el de Driveaway nos había dicho que el tipo seguramente estaría en Massachusetts, pero que dejásemos el coche en casa de la hermana. Al final el hombre se portó y vino el hasta aquí a recoger el coche. Eso sí, de lo del depósito de gasolina vacío, no tenían ni idea, así que de gasolina me temo que no vamos a ver ni un duro. No nos pusimos pesados con el cliente porque pensamos que la responsabilidad total es de la agencia, que ha funcionado lamentablemente en ambos sentidos, hacia el cliente y hacia los que llevaban el coche, nosotros. A ver si no tenemos problemas con el depósito que pagamos, ya veremos. Tenemos que ir a New Jersey a cobrarlo y cruzamos los dedos para que no se nos atraviese la situación, como tantas veces está ocurriendo últimamente.

Anecdotilla: El tipo nos ha comentado que el coche perteneció a la madre de la actriz de la serie “Buffy Cazavampiros”

Por lo demás, hemos paseado por esta zona, así como por el pueblo de Narragansset, donde hemos vuelto a ver a nuestro viejo conocido, el Oceano Atlántico, pensando lo raro que era todo esto, salimos de casa hacia el Este y yendo hacia el Este parece que llegaremos pronto.

Un saludo a Islandia y a Bjork, sin más. Las conclusiones, he decido guardármelas, salvo para los afortunados que ya las hayan leído.

Contra las autopistas

•octubre 16, 2008 • 3 comentarios

No tengo suficiente con la soberanía para los pueblos, la solidaridad entre naciones, la socialización de los medios de producción. He adoptado una nueva causa. Me declaro enemigo de las autopistas.

Desde el principio de los tiempos, el ser humano ha viajado esencialmente por motivos comerciales. El turismo es un invento del siglo XX. En el pasado, hubo pocos viajeros que viajaban por el mero interés de viajar, aunque los hubo. Algunos, como Herodoto, viajaban (diría qué como nosotros, pero no le llegamos ni a la suela de los zapatos), para ver como eran los distintos pueblos y escribirlo todo. Otros viajeros se encomendaban a causas de distinto pelaje para satisfacer su interés personal de conocimiento. ¿O alguien cree realmente que un navegante genovés quería hacer aumentar el poder económico del Reino de Castilla? En realidad el tal navegante tenía un interés acerca de si la tierra era o no era redonda, y necesitaba financiación para sus viajes.

El turisteo, decía, es algo nuevo. Viajar por intereses sociales o de conocimiento no tan nuevo. Pero el principal motivo para ir de un punto A hacia otro punto B ha sido la relación comercial entre ambos puntos.

El viaje mayormente ha sido por tierra. Los romanos, para facilitar todo esto, fueron pioneros en esto de hacer caminos preparaditos para viajar.

Hasta ahí, de acuerdo todos, creo. El tema es que anteriormente un camino entre el punto A y B pasaba por otros muchos puntos intermedios que se veían también beneficiados. Lo bueno que tenían todos esos puntos intermedios era precisamente estar en medios. Para ir de Madrid a Valencia tenías que pasar por Motilla del Palancar, por lo que Motilla del Palancar se veía beneficiado ya que los viajeros paraban para hacer X. Esto de ser puntos intermedios ayudaba a estas localidades a tener una vidilla comercial, dada toda la gente que pasaba por allí a menudo.

Se inventaron los coches y las carreteras atravesaban todos estos pueblitos. Esto tenía unos inconvenientes, esencialmente de lentitud. Al atravesar cada pueblo hay que reducir la velocidad, parar en los semáforos o en los pasos de peatones, comerse todo el tráfico local… por eso se inventaron las autopistas.

Las autopistas, como todos sabemos, son carreteras especiales a las que sólo se puede acceder por unos puntos determinados y con varios carriles en cada sentido. Su creación responde a satisfacer un deseo necesario de eficacia en el transporte entre los puntos A y B. Yo ahora me meto en la autopista y en mi camino de Madrid a Valencia no paro ni un minuto. Y si expresamente quiero ir a Motilla del Palancar a tomar un chorizito o a visitar a alguien, puedo salir cuando me convenza.

De acuerdo, las autopistas, en el mundo del capitalismo, son ciertamente necesarias hasta cierto punto.

Pero, ¿qué ha conllevado su inmenso desarrollo? Allí en la lejana Iberia o aquí en los Esteits, una inmensa cantidad de localidades han quedado totalmente aisladas. Los pequeños comercios, abandonados. La tendencia urbana de los tiempos que corren es crear megaciudades super densamente pobladas, desapareciendo progresivamente la vida en localidades medianas o pequeñas y en el entorno rural. Disminuyendo así la calidad de vida de toda la población. En los pueblos, al estar aislados totalmente, al centrarse todo en las grandes ciudades (las autopistas no son directamente culpables, sino una consecuencia del modelo actual), desaparece el trabajo y hay que emigrar. En las ciudades vivimos cada vez más hacinados.

En los caminos de siempre, querías parar a comer o a hacer tus necesidades y parabas en este pequeño restaurante local, probabas sus comidas típicas, todo eso. Si querías dormir buscabas algo por el centro del pueblo, algún sitio regentado por alguien de allí. Ahora han llenado todo de esos AutoGrill o similares donde un bocadillo de chorizo es de una calidad ínfima, alto precio y servicio lamentable. Eso por allí. Por aquí por los USA, hay “Travellers Centers” con Burger King, Pizza Hut… lo cuál acaba por ser un aburrimiento total , una categoría alimenticia nula. Vale, libertad de mercado que quieren algunos, pero incluso los que quieren esto, ¿no es aburrido un mundo en el que te encuentras la misma multinacional en cada rincón?. En cuanto a alojamiento, todos los moteles regentados por gente local estaban en el centro de las ciudades. Las grandes corporaciones hosteleras han creado cadenas de moteles con sede en todos los accesos a las autopistas, así el viajero no tiene más que salir, dormir y entrar. El pez grande se come al chico.

Las autopistas, decía, no son culpables en sí mismas de los males del mundo. Pero sí son una herramienta que aísla socialmente. El pasar por muchas localidades aumenta nuestro conocimiento, el ir a pequeños negocios aumenta nuestras relaciones sociales, el trato con individuos más atentos. Es la vigente concepción del mundo la que nos lleva a este aislamiento de unas zonas y a la superpoblación de otras.

Que existan algunas autopistas, bueno, es comprensible en ciertas circunstancias. Pero cuando ya empezamos a hacer radiales y radiales de las radiales de las radiales (o autopistas de cinco pisos, como en Dallas) y autopistas de pago llevadas por empresas cuyos dueños están bien relacionados con las altas esferas del poder…

Un mundo con menos autopistas podría ser algo mejor. Y esa es mi nueva causa.

Sed buenos.

—–

Si alguno viaja por EEUU, que visite http://www.moteltrip.com para encontrar un directorio de moteles familiares y a buen precio

Carta desde Canyon, Texas

•octubre 13, 2008 • 6 comentarios

Queridas amiguitas:

Ya lo dice el dicho: Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. No tenían coches para nosotros en Dallas, ni en Houston, ni en Oklahoma City. Así que ni cortos ni perezosos nos montamos en un avión camino a Los Angeles.

En nuestro último día en McKinney, el vecino Stan nos llevó en su viejo coche al aeropuerto de Fort Worth/Dallas. El vecino Stan es digno de mención porque es la persona más parecida a “The Dude” que he conocido en mi vida. Creo que es el más mítico que hemos conocido en todo el viaje y probablemente en toda nuestra existencia.

El aeropuerto de Dallas, horrible. Muy dificil cambiar de unas salas a otras, hay que estar entrando y saliendo todo el tiempo. Además, me declararon sospechoso. Resulta que entregas tu equipaje, te dan la tarjeta de embarque y cuando vas a entrar donde están todas las puertas, pasan un rotulador especial por encima de la tarjeta. Es un rotulador de estos que “revela” tinta invisible. Y el mío estaba marcado SSSSS: sospechoso. Así que me pasaron un escaner antidroga y antiexplosivos, yo no se por qué pero cuando a alguien le tiene que tocar pasar eso, me toca a mi. Me hubiese gustado guardar mi tarjeta de embarque de sospechoso, pero como sabéis, para entrar en el avión la tienes que entregar, así que sólo pudimos hacer una foto.

Escala en Denver y después a Los Ángeles. En San Francisco nos habían dicho alguna vez que Los Ángeles es “the asshole of the universe”. Es un doble sentido insultante, porque “asshole” significa literalmente agujero del culo, así que por un lado vendría a ser como decir “el culo del universo”, pero también se utiliza como insulto, tipo “gilipollas”, por lo que consideran a los angelinos los más gilipollas del universo. Con esa información tan interesante nos acercábamos a tan famosa ciudad. Desde el avión nos quedamos asustados, llegamos de noche y sólo se veía un gran horizonte luminoso interminable.

Nos alojamos en el barrio de San Pedro en casa de Joanna, que trabajaba haciendo lo mismo que yo en mi vida previaje, sólo que ella tenía que estar en la oficina a las 6:30. Yo ya le explique que en Madrid antes de las 8 no han puesto las calles, así que no se puede ir tan temprano. Vivía con su hijo de 5 años, Nathan, un chaval saladísimo.

En el barrio de San Pedro está el puerto de Los Ángeles. Es un barrio de clase trabajadora que no es tan diferente en su configuración al de Mission en San Francisco, sólo que no hay progres ni bohemios. Sólo currantes, muchas tiendas variadas y vendedores de frutas. Ah, y playa. Fuimos a una playa llamada “El Cabrillo”, si Aurora no iba reventaba y como no queríamos que eso sucediese, tuvimos que ir.

No nos pudimos desplazar demasiado por la ciudad porque el transporte público de Los Ángeles es de los peores que he visto en mi vida. Un día que decidimos ir a hacer de turistas, que de vez en cuando también pecamos, esperamos más de dos horas a que llegase el bus. Ni el 2 en Madrid tarda tanto (máxima espera del 2 registrada por mi, 50 minutos).

El turisteo que hicimos, os lo podéis imaginar. Nos plantamos en Hollywood como dos guiris más, fuimos al teatro chino a ver todas las huellas de los actores (Rita Hayworth tenía minipies; Nicolas Cage, te pega una torta y te arranca la cabeza. Fin de las conclusiones) y por Hollywood Boulevard vimos el Paseo de la Fama con todas las estrellitas puestas en el suelo. Conocía a poca gente de la que había ahí puesta. Fue curioso verlo, aunque nos pareció un poco fiasco. En la tele cuando lo sacan parece un señor paseo y resulta que es una acera del mismo tamaño que la de mi calle en Madrid.

Los Ángeles no nos dio para mucho más, porque si por algo estábamos ahí era por un coche. La oficina de Driveaway de Los Ángeles es de las más activas del país y nos dirigimos allí en busca de nuestro maná. Tenían un coche, dirección a Rhode Island.

De todas las oficinas de Driveaway, esta era la más peculiar. El dueño era un tipo cercano a los 60 con un chisme de estos del teléfono móvil enganchado a la oreja, zapatillas de deporte, pantalón y camisa vaqueros, esta última mitad por fuera mitad por dentro. Pelo canoso largo, gafas de sol todo el rato y rollo “que passsa tíoooo”. La chiquita que nos atendía, tenía un cacao mental incomensurable, pobre, era de sus primeros días, todos hemos tenido primer día de curro. El asunto es que para darnos el coche tardó más de tres horas (en la oficina de San Francisco tardaron 40 minutos y nos pareció la vida).

La oficina de Driveaway estaba en un barrio que sobre el mapa recibía el nombre de Koreatown y vaya si era Koreatown. La mayoría de los letreros en hongul, la mayoría de la gente de la calle, honguls. Todos menos los del Driveaway.

El coche lo tenían en lo alto de un edificio, el edificio adyacente a la oficina, nos tuvieron subiendo y bajando más de la mitad del tiempo.

Al final nos dieron el carro, un Honda Accord del 98. Aurora está que muerde porque después de nuestras dos últimas naves, este es más normalito. A caballo (casi) regalado, no le mires el diente, así que por mi parte no hay quejas. El hippie del driveaway, ladino el, nos lo dio sin una gota de gasolina, intentando colárnosla. Se supone que tienen que dar el coche siempre con el depósito lleno, así que nos quejamos y no sabemos si al final nos darán el dinero o que.

Total, que nos pusimos en marcha dirección Este. Salimos de la California playera y nos metimos en la California desértica. Al Este de Los Ángeles está el impresionante desierto de Mojave. Atravesándolo llegamos a la ciudad de Kingman, Arizona, donde nos acogían Mike y familia. Mike es un profesor de historia, activista antiBush, tiene una casa con un jardín desértico (como todo el entorno) transformado en un parque temático artístico-pacifista. Nos enseñó unos cuadros que hace chulísimos y pasamos una buena tarde con el y familia. Volvimos a ir a un partido de fútbol americano porque una de sus hijas estaba en la banda del instituto, así que ya llevamos dos en dos semanas. Nos parecieron personas interesantísimas, una lástima que nuestro deber nos llamase y no pudiésemos quedarnos demasiado.

Al día siguiente seguimos avanzando por tierras desérticas bajo un fortísimo viento. Había momentos en los que sólo se veía arenas por todas partes. La mayor parte del Este de Arizona, y del Oeste de Nuevo México, zonas por las que fuimos con el coche, pertenecen a los indios Navajos. Son las reservas que les dieron y aquí es donde viven. La entrada a Nuevo México, con carteles de “Navajo Nation”, montañas de estas con cerros rojizos y marañas de ramas rodando con el viento, parecía una película de Sergio Leone. Faltaba la música de Morricone.

A ambos lados de la carretera había muchísimas señales de tiendas de artesanía nativas. Y en la radio hablaban en idioma navajo, con música india y todo. Flipábamos. Una pena no entrar más en contacto con los nativos americanos, extranjeros en su propio país, marginados en su propia tierra. Tendré que informarme más al respecto.

Hicimos noche en el pueblo de Grants, reencontrándonos con la ruta 66 en nuestra vida. Esta ruta casi nos ha traído todo el camino hasta el norte de Texas, cruzando Nuevo México de lado a lado. Paramos en el pueblo de Tucumcari, que creo que es el que más refleja lo que fue esta ruta. Lo recorres y dan ganas de llorar, todo moteles abandonados, restaurantes cerrados…

Por hoy, nuestra ruta termina en el pueblo de Canyon, cerca de la ciudad de Amarillo, donde nos acoge Carl, fisioterapeuta, que ha arreglado el hombro de Aurora (tenso de tanto conducir) en un periquete.

Espero que no se os haya atragantado el 12 de Octubre. Nada que celebrar.

Gas gas gas

•octubre 10, 2008 • 2 comentarios

¿Sabiáis que aquí ofrecen trabajo de encuestador y en lugar de pagarte con dinero te pagan con gasolina?

¿Y sabiáis que aquí hay sitios donde hacen tómbolas y el premio gordo son nosecuantos litros de gasolina?

Con esto de la crisis en todo el mundo estamos inquietos, pero aquí, la mare que va, están a-co-jo-na-i-tos

Carta desde McKinney (II)

•octubre 6, 2008 • 7 comentarios

Queridas amiguitas:

Ya establecimos en su momento una similitud entre este epistolario y la serie de televisión “Lost”. Aquella similitud era la realidad de las entradas al blog, por un lado, y los comentarios, por otro. Como la historia en la isla y los flashbacks que nos cuentan la vida anterior del personaje.

Ahora tenemos dos similitudes más

1- Somos como Locke, estamos desorientados, esperando a que “la isla nos diga como continuar”

2- Estamos en uno de esos capítulos en los que los fans se quejan porque “la trama no avanza”

Pero aquí seguimos, en nuestra aventura particular. Como sabéis, estamos moviendo coches de una ciudad a otra. Vinimos a Dallas porque había tres oficinas de driveaway cercanas y pensamos, inocentes, que si no había coche en una de ellas, lo habría en otra. Error. No hay coche en ninguna. Hemos llamado día tras día a cada una de las oficinas, preparados para ir a Houston o a Oklahoma City en cualquier momento, pero nada. No hay coches, lo sentimos.

Tenemos la suerte de estar a gusto en el municipio de McKinney. Tiene un centro histórico bastante desarrollado y vivo, cosa rara por estos lares. Hay una plaza y varias calles con gente caminando por las calles, negocios familiares… los que venimos del viejo continente tenemos esa idea de que en toda localidad habrá una plaza del pueblo con su taberna y todo eso. Pero aquí hay ciudades que no tienen centro ni periferia, sólo casas agolpadas una junto a otra, con su jardín.

No es que no haya casas agolpadas, las hay, estamos alojadas en una de esas, lo cual reduce nuestra independencia a cero. No hay transporte público alguno, dependemos exclusivamente de que Wendolin nos lleve. Con este panorama, todos los días nos hemos dedicado a ir a su estudio fotográfico en el centro y quedarnos por ahí. Hemos hecho fotos a mansalva, dicho sea de paso.

Aunque no estemos haciendo nada especial (aunque nunca hacemos nada especial) estamos disfrutando este pequeño parón. Estamos viviendo la cotidianeidad de esta familia que nos ha abierto las puertas de su casa y eso es un privilegio dificilmente superable. Wendolin tiene dos hijas, Savanah y Madison, de 15 y 13 años, con las que hemos hecho buenas migas. Savanah es más responsable, interesada en la cultura, viajes, etcétera, Madison es más alocada, le gusta llevar ropas de colores chillones… toda la familia nos ha acogido de muy buen grado.

Tienen un vecino que se llama Stan que es todo un fenómeno. Toca el bajo en varias bandas, habla en jerga el cien por cien del tiempo y hace bromas constantemente. Nosotros captamos menos de la mitad, pero nos hace gracia igualmente. El otro día estuvimos compartiendo trucos de magia, nosotros le enseñamos un par y el nos enseñó otro.

Lo único que hemos hecho que valga la pena destacar es la jornada del pasado viernes. En el instituto de Savanah tienen un equipo de fútbol americano, como en todos los institutos, que juega en la liga estatal de institutos. Como jugaban en casa, el viernes en el instituto organizaron una jornada de animación a la que asistimos. Dentro del polideportivo montaron un espectáculo con harley davidson circulando por dentro, bandas de música, las animadoras haciendo sus bailes, todos calentando motores para el partido que se jugaría por la noche.

El instituto era como los que vemos en las series, con esos pasillos llenos de taquillas. Tienen una cantidad de medios que nos quedamos pasmados, no entendemos por qué luego tienen un nivel académico tan paupérrimo. Tenían un aula de teatro con un escenario, focos, de todo, un aula de cine con un proyector enorme, tienen aulas de todo tipo de cosas. Aquí tienen una serie de asignaturas obligatorias y todas las demás son optativas muy diversas.

Por la noche fue el partido de fútbol americano, al que asistimos. Ya voy entendiendo el juego, tiene su gracia aunque lo detienen todo el rato y eso lo hace eterno. Me quedo con el fútbol europeo. Lo que me llamó la atención del partido es que el equipo de instituto jugaba en un estadio de tamaño similar al del Rayo Vallecano (pequeño, pero para ser un instituto…). Se movilizaban todos los padres. Porque por un lado estaba el equipo, pero por otro lado están las animadoras (entonces van sus padres), también las majorettes (y van sus padres también), la banda de música (y familia)… así acaban todos los padres involucrados en el evento. Yo pensaba que eso sería algo especial, pero resulta que todo este tinglado lo montan ¡cada quince días!. Ahí es nada.

Me llamó la atención toda esta movilización porque esto no lo tenemos en Castilla. En mi colegio no se montaba todo esto con los deportes, recuerdo que durante algunos años más o menos se seguía al equipo de baloncesto, que era bastante bueno, aunque ni de lejos el tinglado era tan enorme. La verdad es que me parece positivo todo este tinglado, no para celebrar la gloria del instituto (aquí hasta tenían un himno de instituto en el que todos hacían un saludo surfero… cosas veredes) sino para fomentar la participación deportiva.

Así vamos pasando los días en tierras texanas. Hemos ido a algún concierto tex-mex, también a comer hamburguesas ENORMES… no os preocupéis por esto porque las comidas son tan potentes que la mayoría de los días hacemos sólo una comida, la cena, a las seis de la tarde y con eso aguantamos 24 horas. Si comes varias veces al día te conviertes en don redondón en menos que canta un gallo. No movemos el pandero nada,así que tampoco comemos demasiado.

Saludos a todos los saludables y abrazos a los que han perdido seres queridos esta última semana. Una pena no haber podido daros el abrazo en persona, pero sabéis que lo tenéis de corazón.

Elecciones a la estadounidense

•octubre 3, 2008 • 4 comentarios

Mientras vamos dando tumbos por este país, se va acercando la fecha de las elecciones. Resulta del todo interesante ir recorriendo diferentes estados al tiempo que avanzan las publicaciones de encuestas en los periódicos, los debates electorales…

Hay muchas cosas que nos llaman la atención, para lo bueno algunas y el resto para lo malo. Otras nos llaman la atención, sin más:

-Campaña total: Dos factores que tienen cierta importancia en estas elecciones y en la vida política general es la utilización de blogs y del famoso facebook. Se utilizan ambos medios para difundir opiniones o consignas, metiendo la campaña electoral en todos los rincones

-Identificación del votante: Aquí no se cortan. Si votan a McCain, tendrán en su jardín una pancarta de McCain, así como pegatinas en el coche. Si votan a Obama, lo mismo.

-El espectáculo debe continuar: Aquí cuando hacen una convención, lo importante no es lo que sea que digan, de hecho la mayoría de las veces no dicen nada. Lo importante es que sea un espectáculo.

-Personalismo total, del lado de los candidatos: No importa tanto el proyecto como el nombre. Vender una cara, un tipo con carisma.

-Personalismo total del lado de los medios: Los medios se centran poco en las propuestas o las tratan de refilón. Dan una importancia exagerada a la vida privada de los candidatos. Si la hija de Palin está embarazada, si a Obama y a su madre les abandonó el padre… están constantemente con eso, utilizándolo a favor o en contra de los candidatos. Si hacemos una analogía con Rajoy y Zapatero, a mi me consta que están casados, pero no tengo ni idea acerca de si tienen hijos o si sus hijos son buenos estudiantes o malos, o de quien era su padre o madre. Me imagino que quien esté interesado en ese tema lo sabrá, pero no es algo principal en la campaña electoral.

-Personalismo total del lado de los electores: Como todo se basa en el personalismo, mujeres que han votado demócrata tradicionalmente se plantean votar a Palin por ser mujer, madre y simpática , no por lo que sea que proponga, o negros que han votado republicano se plantean votar a Obama por el color de su piel… hay gente a la que le gustan Obama y Palin y les gustaría votar a los dos, porque son los más majetes. Por cierto, he leído que Palin es la nueva protagonista de las fantasías sexuales de muchos americanos, menuda aparición estelar.

-Sensiblería: Aquí a McCain le encanta repetir las veces que le torturaron en Vietnam y a Biden le da por hablar de la muerte de su hija. Obama habla de su padre y Palin de como cría a sus hijos, todo en la campaña electoral…

-Nacionalismo arrojadizo: Las pocas veces que hablan de propuestas, si al contrario no le gusta, es que es antiamericano. Ayer resultó que Biden era antiamericano por querer usar energías renovables y Palin era antiamericana por querer buscar petroleo en Alaska.

-Debates de chichinabo: Esto es lo mismo que Rajoy y ZP, mucha palabrería pero al final no dice nada. El día posterior a los debates Rajoy-ZP, El País decía que el ganador era ZP, El Mundo decía que era Rajoy y a mi me parecía que los dos decían solemnes tonterías (entre el bonobús y la niña de Rajoy…). Aquí más de lo mismo.

Carta desde McKinney, Texas

•septiembre 28, 2008 • 4 comentarios

Las carreteras americanas son un mundo de paisajes, gentes y pueblos de todo tipo. Recorriendo la multitud de carreteras locales es como nos empapamos de realidad norteamericana.

Nuestras últimas jornadas con nuestra querida nave espacial nos llevaron por muchísimas pequeñas carreteras en los estados de Missouri, Arkansas y Oklahoma. Tuvimos que hacer un camino rarísimo porque el camino directo, por el Estado de Oklahoma, nos llevaba por infinidad de carreteras de peaje, y es que el gobernador de aquí debe ser discípulo de la Espe.

Estos caminos hacen que visitemos muchos pueblos de todo tipo. En esta ocasión visitamos el pueblo de West Fork, en Arkansas. Un pueblo totalmente muerto, con su hamburguesería de rigor, eso sí, y las calles vacías.

Íbamos por Arkansas cuando un coche de policía, en una carretera estrecha, se nos puso detrás. Al ser una carretera tan pequeña, pensábamos que simplemente quería pasar y no podía, pero lo que quería era que detuviésemos el coche. Al pararlo, se nos acercó el policía, con su sombrero de cowboy, y nos dijo que íbamos más rápido de lo permitido. Aurora es una conductora más que prudente, pero aquí dicen que muchas veces te paran para meterte un poco de “susto”. Y eso es lo que hicieron, porque la única consecuencia de todo esto fue un “Warning”, un papel, cortesía del Estado de Arkansas, en el que nos recomendaban no ir deprisa.

Hicimos noche en un pueblo “raruno” llamado Eufaula, en Oklahoma. Debía ser un pueblo de fugitivos o algo así, porque Aurora se puso a hacer fotos a un cartel y salió una señora de un balcón diciéndonos que a qué narices hacíamos fotos. Al no ser a ella, se dio la vuelta y se volvió dentro de la casa.

Eufaula además de un pueblo es el nombre de un lago, aquí hay muchísimos y la gente va a ellos a pasar las vacaciones. Fuera de temporada, la mitad de los locales están vacíos.

Esto fue nuestro paso por Oklahoma, donde todo estaba lleno de carteles de la “nación cherokee” pero la verdad es que no vimos más que blancos.

Finalmente llegamos a Dallas tras cuatro días de viaje. Al entrar en Texas nos recibió un cartel en el que se proclamaban “Orgullosa tierra del Presidente Bush”. Nuestra ansiada Texas, a nuestros pies.

Nos acogían Grant y Erin. Al contactarles fueron muy específicos con que no nos quedásemos demasiados. Aunque sabemos bien que las visitas, como la pesca, a los tres días apestan, nos pareció un poco raro tanta insistencia. Pero en cuanto Erin abrió la puerta pudimos ver el motivo de todo esto. Erin tenía un bombo tremendo, embarazada de nueve meses, bebé a punto de nacer y encima alojándonos. Eso sí que es hospitalidad.

Dos banderas, una de EEUU y otra de Texas, estaban en el balcón de la casa. Y en la entrada, un cartel de McCain-Palin. Y es que nuestros huespedes eran republicanos militantes. Nosotros no nos achantamos ante nada, de hecho nos gusta conocer gente de todo tipo y escuchar lo que tengan que decir. Y Grant y Erin eran excelentes personas. Además tengo contrastado que yo con los que me llevo bien es con los míos, con los comunistas-separatistas-malvados, pero a la hora de llevarme bien con gente del PSOE o del PP siempre me he llevado mejor con los del PP , pese a estar a años luz de coincidir políticamente con cualquiera de los bandos.

Grant y Erin tenían una gran casa, con una cama para invitados enooooorme y una piscina con un jacuzzi en el que acababamos todas las noches. A la piscina también le dimos buena cuenta, lo que más hicimos durante nuestra estancia en Dallas fue bañarnos allí, hacía un calor tremendo. Sólo un día fuimos al centro de Dallas y sólo tenía un área interesante que era el llamado West End, el resto eran tres calles con altos edificios de oficinas.

Grant y Erin nos proporcionaron un par de experiencias típicas americanas. La primera, la visita al Rodeo. Lo pasamos pipa. Tiene varias partes, lo más destacado es intentar resistir sobre un toro o potro enfurecido más de ocho segundos. Además de eso tienen carreras de carrozas, “poker de cowboys” (que consiste en quedarse sentados en una mesa a ver quien aguanta más mientras un toro cabreado va corriendo alrededor), coger vacas con lazo y unas pruebas para niños en las que los chavales tienen que mantenerse agarrados a una oveja que sale corriendo.

El Rodeo lleva incluida una cena de barbacoa. La gente va con sombreros de vaquero. Cuando empieza, te dan una charla sobre las tropas de EEUU, luego cantan el himno todos con la mano en el corazón (como anécdota curiosa, mientras una señora en el medio de la arena sostenía una bandera americana sobre un caballo, para dar solemnidad al acto, el animalico se cagaba por la pata abajo al compás de los acordes de tan célebre sonata).

El último día que pasamos con Grant y Erin fuimos a la feria estatal, una gran feria con actividades, juegos y comidas fritas. Lo de las comidas fritas es el principal reclamo de la actividad, y es que lo fríen TODO. Cuando digo todo, digo todo, desde cosas que uno se puede imaginar (salchichas, pollo, bacon) hasta pepinillos (más raro, pero no tanto) y otras inimaginables (helado, galletas, chupa chups). Una locura. Estaba interesante, pero economicamente nos dejó temblando, y es que era carísima.

Como estamos viajando con esto del Driveaway, tenemos tiempos de largas esperas. Esto del driveaway tiene su gracia, pero es un método en decadencia y si no hay más viajeros que se animen a llevar coches, seguramente pronto será algo del pasado. EL motivo es que la gente prefiere pagar más y tener su coche de inmediato que estar esperando a que alguien mueva el coche. Por eso seguimos en el área de Dallas.

Visto que el bebé de Erin y Grant estaba a punto de nacer, para no estar en medio en tan importante momento y no ser una preocupación más, nos buscamos otra anfitriona. Se llama Wendolin, vive en un pueblo cercano a Dallas llamado McKinney. Vive con su padre y en ocasiones con sus hijas y es una fotógrafa.

En el pueblo de McKinney celebraban el Oktoberfest y ahí fuimos nada más llegar. Era surrealista ver a texanos vestidos de tiroleses en un pueblo con cero raíces germánicas. Pero bueno, una excusa para beber cerveza. Fuimos con Wendolin, su amiga Tomeka y la novia de esta, CJ. Nos reconciliamos con las “Tomekas” (la vendedora de nuestro Ford Tempo se llamaba así), ya que esta nueva nos invitó a todo lo invitable.

Acabamos la noche en un campo en un festival de moteros. Con muchas harleys, choppers, bandas de rock y cervezas. Hubo momentos esperpénticos, como un cutre concurso de “Miss Camiseta Mojada” que más que erótico era divertido, aunque más que divertido era patético. En fin, hay que ver de todo en esta vida. Al enterarse de que éramos de fuera, los moteros se alegraron y muchos se acercaron a hablar con nosotros y a ofrecernos cervezas. Así fue nuestro primer festival motero.

Wendolin tiene varios planes para nosotros, entre los que se encuentra comer nuestra primera hamburguesa tras tres semanas. Se dice pronto, pero tres semanas sin hamburguesa por estas tierras es algo complicado.

Poco más que contaros por el momento, ya que seguimos a la espera de coche. A nivel anecdótico, observamos alucinados como empiezan a vender calabazas por todas partes. Están preparando ya como locos el famoso Halloween, una fiesta que tendremos este año la ocasión de vivir en la tierra donde se ha popularizado. Aunque Aurora y yo somos reacios a ponernos el disfraz, nos hace gracia la idea de vivirlo desde dentro, ¿vendrán niños a pedir caramelos y todas esas cosas? Es inevitable estar pensando en eso, ya que es como el Corte Inglés con las navidades, llevan dando la matraca desde hace varias semanas. Esta fiesta y acción de gracias (tercera semana de Noviembre, creo, a mi me hace ilusión lo de comer el pavo) nos valdrán para conocer un poco más de cerca la cultura de aquí. Espero que no sea demasiado grave porque ya empiezo a pensar en inglés y con tanta cosa típica… a ver si me voy a hacer uno de ellos.

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Tres notillas:

1.- Después de mi entrada acerca de que este país se va al garete, el presi Bush dio consternado un mensaje a la nación anunciando la profunda crisis económica y la necesidad de tomar medidas. No seré tan catastrofista, después de todo.

2.- Después de recibir críticas por la caña política que meto de tanto en tanto y siempre con moderación, ha llegado a nuestras manos un bonito video (un beso a sus protagonistas) en el que un chaval, al que por cierto conocimos en La Cañada (ahora Terra Celta, paseo de Marques de Zafra casi esquina con Doctor Esquerdo, buenas cañas, buenas tapas, preguntad por un tal Manolo, vive ahí, os invitará a una ronda si decís que habéis leído eso en este blog), nos pedía que metíesemos más chicha política. En su honor, por ser un gran fan y gran lector y por haber hecho llegar la petición POR VIDEO, el par de meses que nos quedan el tono político subirá en un doscientos por cien. Si queréis contrarrestarlo, enviadme peticiones por video.

3.- Se me olvidó mencionarlo, pero: Tour, Giro y Vuelta en año y medio. Alberto Contador, eres un crack