Algunas consideraciones

Estimamos oportuno hacer una serie de consideraciones acerca de lo que va a poder encontrarse en estas páginas y lo que no va a poder encontrarse. Así estamos todos prevenidos de inicio y no nos llevamos sorpresas.

El viaje es una experiencia humana que puede ser entendida de distintas maneras. Tantas como viajeros. La visión más extendida es quizá la de “viaje de usar y tirar”. El viaje consumo en estado puro, el viaje de agencia. El viaje de coleccionista de países, que mete el pie en la frontera, lo saca corriendo y añade un nombre más a su lista. Es el viaje del que te machaca con sus fotos de todos los rincones, aunque en realidad lo que hace es restregarte que ha estado ahí y tu no. Es un afán recopilatorio tremendo, cuya única finalidad es recitar cual casette la retahíla de lugares donde se ha estado, para así poder vacilar con todo el mundo que tiene encima. Es curioso que quienes hacen este viaje suelen ir parapetados en el autobús lujoso de la agencia, suelen estar alojados en el hotel de lujo donde el único contacto humano con la gente local es para pellizcarle las nalgas a la dominicana que les limpia el cuarto.

Este es el viaje del capitalismo por excelencia, el viaje que mueve dinero, el que hace decir que tal ciudad o tal país viven del turismo. Un turismo que humilla a la gente local (que muchas veces, cegados por la codicia, se dejan humillar, lo cuál es más triste si cabe), que crea un mundo fantástico de exotismo, que no permite ver la realidad de donde se está. Todo se ve a través de un cristal que adultera la visión. Se está cuatro o cinco días, se vuelve a casa y de ese país uno no se acuerda más. Hay que seguir coleccionando, engrosando la lista de territorios conquistados.

Muy relacionado con ese viaje surge otro modelo de viaje, que es el viaje “teóricamente independiente”. Porque en efecto es independiente, en tanto en cuanto el que se lo monta lo organiza todo por su cuenta, sin agencias de por medio. El problema es que al final hace lo mismo que con la agencia, sólo que sin intermediarios. Es el viaje del que se compra una guía “del viajero independiente”, se la memoriza de pe a pa, marca todos los lugares guay y los visita a todo correr. Digamos que si los antes mencionados son los coleccionistas de kiosco, los que cuando llega Septiembre se compran la colección que les mandan comprar, las muñecas de porcelana o los coches en miniatura, en plazos semanales y siguiendo el ritmo que marca la editora, estos “teóricamente independientes” coleccionan a su ritmo pero con el mismo afán devorador. Al menos son más inteligentes, porque al ahuyentar intermediarios al máximo, se ahorran un dinerito en comisiones.

Podríamos decir que estas son las formas de viaje más extendidas, quizá por ser las más adaptadas al modo de vida que todos tenemos. Es traspasar la rutina del día a día a las vacaciones. Es lo más fácil porque no nos supone ningún esfuerzo y llena nuestra ansia de haber estado aquí y allá. Son esos viajes que tienen todo milimétricamente programado, con una precisión que asusta. Día 1 y 2, Talville, día 3, Cualtown, día 4 y 5, parque natural, día 6, museo, día 7, a casa.

En estas páginas vamos a intentar que esta manera de viajar no se vea reflejada. Respetamos a quienes la llevan a cabo, ¿quién dice cómo hay que hacer las cosas? Cada uno que viaje como le rote, pero a nosotros no nos va.

Nuestra idea de viaje es que lo bello de viajar es el viaje en sí mismo. El estar en el camino, sin más. El tránsito mismo. El salir de aquí para llegar allí. Y hacerlo de manera relajada, saboreando cada momento porque cada momento es único. Si el cuerpo nos pide parar cinco días en un pueblo porque simplemente es tranquilo, aunque la guía diga que “en ese pueblo no hay nada”, nos paramos. Y a lo mejor esa ciudad tan importante y famosa, tan recomendada y con tantas visitas nos cansa tanto que pasamos en un suspiro y nos centramos en la siguiente. Quien sabe. Porque, como decimos, ¿quién dice lo qué hay que hacer? ¿Quién manda sobre cuáles son los sitios que merecen ser visitados?

Así que en estas páginas no habrá organización. Mentiríamos si dijéramos que no tenemos un trayecto más o menos pensado, o que no tenemos preparado nada. Pero ¿por qué hacer en casa una tabla donde esté todo apuntado? Ya sabemos que nos la vamos a saltar. Bastante organización hemos tenido ya en Madrid entre estudios y trabajo. Bastante encorsetado es eso como para encorsetarnos esta aventura.

Tampoco habrá muchos retratos de monumentos o relatos de visitas a museos. Sólo iremos a aquellos que por su especial temática nos llamen personalmente la atención. El turismo de excursión organizada no es más que un sacacuartos para guiris. Visitan lo que les dicen que mola visitar y luego encima se autoconvencen de que tienen que estar contentos. Beatus ille. Cambiamos cien monumentos por el contacto con una sola persona del lugar. Por el impagable intercambio cultural que supone visitar ese sitio recóndito lleno de gentes locales y tomarse una cerveza a su salud. Por esa conversación con esa persona de la otra punta del mundo, que nos hace tan lejanos a veces y otras veces tan cercanos. Si no satisfacemos vuestras expectativas al no relatar todos los monumentos que hemos visto en varios días, lo sentimos. Simplemente no es lo nuestro.

Viajaremos austeramente. Pretendemos tirar, restando dinero de visados y algún transporte necesario, con la friolera de diez euros al día de media por cabeza. En primer lugar, porque es lo que nos permite nuestra economía. En segundo lugar, porque pretendemos demostrar, aunque quizá caigamos en el empeño, que no es necesario gastar tanto dinero para visitar tal o cual país. Que el negocio del turismo es una estafa más que bien organizada. Y en tercer lugar, porque es a pie de calle y no rodeado de lujos como de verdad se “está” en un sitio. No entendemos el sentido de ir al hotel Ritz de la otra punta del mundo, sólo para decir que has estado ahí, cuando no has pisado la calle. En Madrid hay Hotel Ritz, te sale igual de cara la habitación pero te ahorras el viaje.

En parte por la austeridad casi obligada y en parte por el deseo primordial de mantener un contacto humano, intentaremos viajar de gratis (autostop o lo que surja) y también alojarnos utilizando redes de hospitalidad (como couchsurfing.com u hospitalityclub). De esta manera nos permitimos ahorrar unas monedas, pero, sobre todo, intentaremos obtener el privilegio de ver cada sitio de la mano de sus habitantes, cosa que no tiene precio.


Una respuesta to “Algunas consideraciones”

  1. no lo podrias haber dicho mejor, todo lo que dice aqui es la pura verdad

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