Carta desde Canyon, Texas

Queridas amiguitas:

Ya lo dice el dicho: Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. No tenían coches para nosotros en Dallas, ni en Houston, ni en Oklahoma City. Así que ni cortos ni perezosos nos montamos en un avión camino a Los Angeles.

En nuestro último día en McKinney, el vecino Stan nos llevó en su viejo coche al aeropuerto de Fort Worth/Dallas. El vecino Stan es digno de mención porque es la persona más parecida a “The Dude” que he conocido en mi vida. Creo que es el más mítico que hemos conocido en todo el viaje y probablemente en toda nuestra existencia.

El aeropuerto de Dallas, horrible. Muy dificil cambiar de unas salas a otras, hay que estar entrando y saliendo todo el tiempo. Además, me declararon sospechoso. Resulta que entregas tu equipaje, te dan la tarjeta de embarque y cuando vas a entrar donde están todas las puertas, pasan un rotulador especial por encima de la tarjeta. Es un rotulador de estos que “revela” tinta invisible. Y el mío estaba marcado SSSSS: sospechoso. Así que me pasaron un escaner antidroga y antiexplosivos, yo no se por qué pero cuando a alguien le tiene que tocar pasar eso, me toca a mi. Me hubiese gustado guardar mi tarjeta de embarque de sospechoso, pero como sabéis, para entrar en el avión la tienes que entregar, así que sólo pudimos hacer una foto.

Escala en Denver y después a Los Ángeles. En San Francisco nos habían dicho alguna vez que Los Ángeles es “the asshole of the universe”. Es un doble sentido insultante, porque “asshole” significa literalmente agujero del culo, así que por un lado vendría a ser como decir “el culo del universo”, pero también se utiliza como insulto, tipo “gilipollas”, por lo que consideran a los angelinos los más gilipollas del universo. Con esa información tan interesante nos acercábamos a tan famosa ciudad. Desde el avión nos quedamos asustados, llegamos de noche y sólo se veía un gran horizonte luminoso interminable.

Nos alojamos en el barrio de San Pedro en casa de Joanna, que trabajaba haciendo lo mismo que yo en mi vida previaje, sólo que ella tenía que estar en la oficina a las 6:30. Yo ya le explique que en Madrid antes de las 8 no han puesto las calles, así que no se puede ir tan temprano. Vivía con su hijo de 5 años, Nathan, un chaval saladísimo.

En el barrio de San Pedro está el puerto de Los Ángeles. Es un barrio de clase trabajadora que no es tan diferente en su configuración al de Mission en San Francisco, sólo que no hay progres ni bohemios. Sólo currantes, muchas tiendas variadas y vendedores de frutas. Ah, y playa. Fuimos a una playa llamada “El Cabrillo”, si Aurora no iba reventaba y como no queríamos que eso sucediese, tuvimos que ir.

No nos pudimos desplazar demasiado por la ciudad porque el transporte público de Los Ángeles es de los peores que he visto en mi vida. Un día que decidimos ir a hacer de turistas, que de vez en cuando también pecamos, esperamos más de dos horas a que llegase el bus. Ni el 2 en Madrid tarda tanto (máxima espera del 2 registrada por mi, 50 minutos).

El turisteo que hicimos, os lo podéis imaginar. Nos plantamos en Hollywood como dos guiris más, fuimos al teatro chino a ver todas las huellas de los actores (Rita Hayworth tenía minipies; Nicolas Cage, te pega una torta y te arranca la cabeza. Fin de las conclusiones) y por Hollywood Boulevard vimos el Paseo de la Fama con todas las estrellitas puestas en el suelo. Conocía a poca gente de la que había ahí puesta. Fue curioso verlo, aunque nos pareció un poco fiasco. En la tele cuando lo sacan parece un señor paseo y resulta que es una acera del mismo tamaño que la de mi calle en Madrid.

Los Ángeles no nos dio para mucho más, porque si por algo estábamos ahí era por un coche. La oficina de Driveaway de Los Ángeles es de las más activas del país y nos dirigimos allí en busca de nuestro maná. Tenían un coche, dirección a Rhode Island.

De todas las oficinas de Driveaway, esta era la más peculiar. El dueño era un tipo cercano a los 60 con un chisme de estos del teléfono móvil enganchado a la oreja, zapatillas de deporte, pantalón y camisa vaqueros, esta última mitad por fuera mitad por dentro. Pelo canoso largo, gafas de sol todo el rato y rollo “que passsa tíoooo”. La chiquita que nos atendía, tenía un cacao mental incomensurable, pobre, era de sus primeros días, todos hemos tenido primer día de curro. El asunto es que para darnos el coche tardó más de tres horas (en la oficina de San Francisco tardaron 40 minutos y nos pareció la vida).

La oficina de Driveaway estaba en un barrio que sobre el mapa recibía el nombre de Koreatown y vaya si era Koreatown. La mayoría de los letreros en hongul, la mayoría de la gente de la calle, honguls. Todos menos los del Driveaway.

El coche lo tenían en lo alto de un edificio, el edificio adyacente a la oficina, nos tuvieron subiendo y bajando más de la mitad del tiempo.

Al final nos dieron el carro, un Honda Accord del 98. Aurora está que muerde porque después de nuestras dos últimas naves, este es más normalito. A caballo (casi) regalado, no le mires el diente, así que por mi parte no hay quejas. El hippie del driveaway, ladino el, nos lo dio sin una gota de gasolina, intentando colárnosla. Se supone que tienen que dar el coche siempre con el depósito lleno, así que nos quejamos y no sabemos si al final nos darán el dinero o que.

Total, que nos pusimos en marcha dirección Este. Salimos de la California playera y nos metimos en la California desértica. Al Este de Los Ángeles está el impresionante desierto de Mojave. Atravesándolo llegamos a la ciudad de Kingman, Arizona, donde nos acogían Mike y familia. Mike es un profesor de historia, activista antiBush, tiene una casa con un jardín desértico (como todo el entorno) transformado en un parque temático artístico-pacifista. Nos enseñó unos cuadros que hace chulísimos y pasamos una buena tarde con el y familia. Volvimos a ir a un partido de fútbol americano porque una de sus hijas estaba en la banda del instituto, así que ya llevamos dos en dos semanas. Nos parecieron personas interesantísimas, una lástima que nuestro deber nos llamase y no pudiésemos quedarnos demasiado.

Al día siguiente seguimos avanzando por tierras desérticas bajo un fortísimo viento. Había momentos en los que sólo se veía arenas por todas partes. La mayor parte del Este de Arizona, y del Oeste de Nuevo México, zonas por las que fuimos con el coche, pertenecen a los indios Navajos. Son las reservas que les dieron y aquí es donde viven. La entrada a Nuevo México, con carteles de “Navajo Nation”, montañas de estas con cerros rojizos y marañas de ramas rodando con el viento, parecía una película de Sergio Leone. Faltaba la música de Morricone.

A ambos lados de la carretera había muchísimas señales de tiendas de artesanía nativas. Y en la radio hablaban en idioma navajo, con música india y todo. Flipábamos. Una pena no entrar más en contacto con los nativos americanos, extranjeros en su propio país, marginados en su propia tierra. Tendré que informarme más al respecto.

Hicimos noche en el pueblo de Grants, reencontrándonos con la ruta 66 en nuestra vida. Esta ruta casi nos ha traído todo el camino hasta el norte de Texas, cruzando Nuevo México de lado a lado. Paramos en el pueblo de Tucumcari, que creo que es el que más refleja lo que fue esta ruta. Lo recorres y dan ganas de llorar, todo moteles abandonados, restaurantes cerrados…

Por hoy, nuestra ruta termina en el pueblo de Canyon, cerca de la ciudad de Amarillo, donde nos acoge Carl, fisioterapeuta, que ha arreglado el hombro de Aurora (tenso de tanto conducir) en un periquete.

Espero que no se os haya atragantado el 12 de Octubre. Nada que celebrar.

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~ por Antonio en octubre 13, 2008.

6 comentarios to “Carta desde Canyon, Texas”

  1. Bueno, el viaje más largo, no? Unos cuantos miles de kilometros al cuerpo.

    Ni me he acordado este año del día de la hispanidad, aquí no celebran, como es normal xDD Y de acuerdo contigo, nada que celebrar.

    Un abrazo.

  2. Que bien que la aventura continua, como decías, esto empieza a ser como una serie…no queremos que se atasque la trama!

    Y hablando de series, ahora que veo que te has hecho “fan” del Football Americano, cuando vuelvas (o cuando puedas) le tendrás que echar un ojo a Friday Night Lights, que va sobre ese tema y la vida en la Texas profunda.

    Un abrazo!

  3. No quiero parecerme a Maria Luisa, pero ¿y si pruebas a afeitarte y cortarte el pelo? Lo digo por lo del billete sospechoso.
    Hoy es Santa Teresa y el cumple del padre de tu ahijadito, eso si que es para celebrar. Besos.

  4. Pues si, yo también sospecharía de tí. Me recuerdas a alguien de una película, y no a un super heroe. Si me acuerdo te lo digo. Tengo tus décimos de Lotería, lo que implica que me debes 60 euros.
    Viste el gran cañón?
    O no era por esa zona? Ya sabes que la geografía es lo único que fallo en el trivial, modestia muya aparte.
    Rhode Island está muy cerca de New YorK, en términos USA. Ya os quedais por la zona o vais a retroceder nuevamente?

  5. Estoy con tu familia en que la respuesta a tu pregunta retórica: “[…]yo no se por qué pero cuando a alguien le tiene que tocar pasar eso, me toca a mi…]” la tienes en la propia foto. Maria Luisa, no será a Tom Hanks en “Náufrago”, más bien hacia el final de la peli ¿?

    En fin, imagen personal aparte, como actividad nueva en esas tierras os propongo asistir a un partido de la NBA, tendréis nuevas sensaciones seguro!

    Respecto a tomar un avión para después tomar un coche y volver al lugar de donde salió el avión, no sé, me parece jugar al despiste ¿no os estará siguiendo la CIA???
    Y por otro lado… ¿no es parte del consumo de combustible innecesario que tanto denunciais en Fuel Country?
    Bienvenidos al maravilloso mundo de las contradicciones!

    Cuidaros

  6. Albareto, aqui es que estaban todo el rato en la radio con el “Colombus Day”

    Adri, veo que sigues conociendo todas las series. Me la apunto, aunque con Lost y Los Soprano de momento me da

    Tieta, no tiene nada que ver con las pintas, el billete estaba comprado on line y ya me declararon sospechoso online. Tendrá que ver con el nombre o con el azar.

    Maria Luisa, vimos un cañón, pero no el gran cañón, una pena. Habrá que volver. Acerca del recorrido, ya iréis viendo como va.

    Arias Gonzalo, no seas malo conmigo, a ver si te mando al rey Ordoño… lo de la NBA, estaría bien, pero necesitamos a alguien que nos invite.

    Lo del avión, por el propio viaje que hemos hecho se ve que no somos partidarios de cogerlo mucho. Yo detesto toda la parafernalia de ir dos horas antes, lo del equipaje, luego el control de seguridad (en el que suelo tener problemas), luego esperar dentro como un idiota con todas las tiendas del duty free que son lamentables, más los chiquiasientos para liliputienses y siempre se te sienta al lado una tía imbecil (y no me refiero a Aurora, me refiero a la que se sienta al otro lado) que no te deja salir al baño y te pone cara de asco… en este caso concreto, era lo más barato para ir a buscar un coche, más barato que tren o autobús

    Y acerca del coche, el asunto es que aquí lamentablemente no hay otra forma de viajar decente por la practica inexistencia de transporte público.

    Aceptamos tus criticas de buen grado de todas formas

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