Carta desde San Francisco


-¿Y usted qué hace aquí?
-Dar una vuelta por el mundo
-¿Y cómo se financia eso?
-Con mis ahorros
-¿No será que tiene usted un padre multimillonario?
-Eso me gustaría a mi, pero sobretodo al que le gustaría es a mi padre

Todo el mundo habla horrores de la entrada a Estados Unidos. Del control de pasaportes, primero, y del control de equipaje en las aduanas, después. El control de pasaportes transcurrió con ese diálogo. El de aduanas ni eso. Siempre dicen que al entrar en Estados Unidos, especialmente si has visitado muchos países y tienes el pasaporte lleno de sellos, van a mirar con lupa lo que lleves. Aunque no lleves nada malo, siempre es incómodo:

-Sí, mire, esa bolsa son mis calzoncillos sucios
-Oiga pues tiene usted un frenazo aquí en la parte trasera que…

Nosotros nos dirigimos a las aduanas. Será por mi pinta sajona, será porque justo antes que nosotros pasaron unos ciudadanos de piel oscura con un carro que transportaba una treintena de maletas, nos dieron los buenos días y welcome to the USA.

Antes de eso, un viaje terrible. Un total de 24 horas entre dos aviones y salas de espera. El último tramo, diez horas desde Incheon hasta San Francisco, lleno de niños llorando, vomitando, moviéndose. Imposible dormir. Apretadisimos y encajonados, estábamos en una fila de tres y el acceso al pasillo dependía de la coreana más antipática que nos hemos encontrado. Se sentaba a mi lado y es la única que pudo dormir en toda la noche, cómoda os aseguro que estaba, había momentos en que tenía la pierna sobre mi, y tan pancha que estaba.

En San Francisco nos acoge Jon, escrito así, a la vasca, un irlandés de pocas palabras con un sentido del humor afilado. Habla poco, pero cuando lo hace es para soltar alguna perla subversiva. Vivió en Italia y ahora vive aquí. Lleva un halo de misterio acerca de lo que hace que al principio nos tenía intrigados pero la verdad es que nos da igual. Es un experto autostopista y amante del heavy metal.

Nuestra misión el primer día fue no caer muertos de sueño. Eso del jet lag, ya se sabe. Llegamos a las 11 de la mañana pero en nuestro cuerpo eran las 3 de la madrugada y encima sin haber pegado ojo en las últimas 24 horas. Nos propusimos llegar vivos al final del día para acostarnos por la noche y coger ritmo. En medio de todo eso visitamos el famoso Golden Gate, que estaba cubierto de niebla.

Fue el segundo día cuando comenzamos nuestra aventura del coche. Nuestro objetivo, como es sabido, es hacernos con un vehículo para cruzar el país de costa a costa. En Internet vimos agencias de alquiler, al hacer la consulta en línea salían precios muy decentes para lo que queríamos hacer. Pero luego in situ cambia la situación. Pago de un seguro de la releche, pago por dejar el coche en otra ciudad, pago por ser joven, más otras tantas clausulas de mil demonios… al final rechazamos la idea.

No quedaba más remedio que comprar un coche. Buscamos en Internet algo que se ajustase a nuestro presupuesto. Encontramos cinco o seis cosillas interesantes. Llamamos a todas, pero sólo dos contestaron. El primero de ellos parecía que estaba colgado, así que le descartamos nosotros. La segunda era una chica muy locuaz. Los demás, nada. Visitamos también varias tiendas de coches usados pero no tenían nada decente.

Al final fuimos a visitar a la chica. Vivía en Oakland, que es , aunque nosotros no lo sabíamos, la ciudad más peligrosa del área de la bahía de San Francisco. Nos presentamos allí, llegaron tarde. Al final aparecieron y nos llevaron en su coche a ver a la criatura en venta. Se trataba de un Ford Tempus del año 93 que resistía en pie malamente. Nosotros no teníamos ni idea de que hacer, yo menos que Aurora.

Para empezar, tuvieron que llamar a un cerrajero porque habían perdido la llave. Ya empezábamos mal. Nos quedamos sentados por un parque que había allí creado por el gobernador Schwarzenegger mientras llegaba el cerrajero y hacía su trabajo.

Pasado un rato, con la llave en la mano, nos metimos en el coche, lo vimos por dentro, lo arrancamos, sonaba bien. Decidimos dar una vuelta. Con nuestra base, poco más podíamos hacer, sólo moverlo a ver si hacía algo raro o tiraba hacia delante más o menos bien. Además era automático, por lo que por ahí seguro que se nos escapaban cosas.

Total, que el coche tiraba. Y tomamos una decisión precipitada, nublados por el bajo precio, 500 dolares, decidimos comprarlo. Porque somos así, porque hemos perdido la concentración, queremos hacer las cosas en un pis pas. Acabamos cambiándole la luna y haciendo todos los papeles pertinentes, aunque bueno, no estamos del todo seguros acerca de si los papeles están correctamente, pero parece ser que sí. Fuimos a la oficina de DMV, que es el departamento de vehículos de Estados Unidos, y allí seguimos las indicaciones que nos dieron.

Con todo en la mano, seguro incluido, volvimos de Oakland a San Francisco sin problema alguno. Aparcamos el coche y a dormir.

Aunque nuestras sensaciones fuesen buenas, decidimos ir a un mecánico a que le echasen un vistazo, porque estábamos seguros de que necesitaría algún arreglillo por aquí o por allá. Jon nos acompañó a uno que conoce, Carlos, uno de tantos sudamericanos que sostienen este país en pie. Con el diagnóstico nos quedamos peor. El coche tiene varias cosillas que arreglar, pagando unos cuantos dólares, pero nada que se aleje de nuestro presupuesto. El problema principal es que es posible que tenga mal la culata. Nos dijeron que entraba agua por ahí, que no sabían el motivo, que podía ser cualquier cosa, pero que si lo que estaba mal era la culata, que no valía la pena ni hacer la reparación porque iba a ser un pastizal. Y que esperasemos hasta el lunes, a ver que tal.

Así que en eso estamos ahora, en espera. Con los dedos cruzados para que no esté mal la culata, sea lo que sea eso. Si no es, se arreglan las cosillas y adelante. Si es eso, la hemos liado parda, porque nos quedaríamos aquí con un coche totalmente hecho una mierda y a ver como avanzamos después.

Está claro que hemos pecado de pardillos con esto. Nos entraron las prisas, por empezar nuestro viaje, por acabarlo, por no molestar más a Jon okupando su casa. E hicimos una compra mala. Lo de la culata, de todas maneras, no se como podíamos saberlo nosotros. Teníamos en mente mirar muchos coches, así que no nos planteásemos pagar un chequeo cada vez en cada coche porque eso hubiese sido la ruina. Mal hecho.

Ahora sólo nos queda esperar a ver que sucede. Y eso lo hacemos paseando por la ciudad, un poco alicaidos, pero también disfrutándola. Estamos en el barrio de Mission, que es una especie de distrito mitad sudamericano,mitad alternativo, una mezcla interesante. Hacemos vida en castellano, aquí el castellano se escucha por todas partes, con multitud de acentos, aunque el nuestro es el más extravagante para la gente de aquí. Paseamos por la calle Haight, que es una especie de calle Fuencarral (o sea, alternapija) y también por Chinatown, que es como su nombre indica el barrio chino y cuya única peculiaridad es ser un barrio lleno de comercios chinos. Con Jon y una amiga suya fuimos también a SpeakEasy, una fábrica de cerveza local, y es que aquí resulta que tienen cervezas buenas más allá de las grandes marcas.

Hace un tiempo más frío del esperado, así que por la calle no apetece mucho estar. Y estamos ya limitados de presupuesto y a la espera de ver si tenemos que pagar al mecánico un poco, un mucho o nada, así que no podemos pasar el rato en los cafés.

Por lo demás, la ciudad está llena de

1)Perturbados. No había visto yo nunca tanta congregación de gente totalmente ida de la mente, que no sabes si te van a sacar un cuchillo y liarla parda, si se van a arrojar al paso del tranvía o si simplemente están delirando
2)Vagabundos. Creo que es donde más pobreza extrema he visto en todo el viaje y en todos mis viajes. Aquí no es que veas gente humilde, es que o ves gente que más o menos vive con cierta comodidad o facilidad, o el siguiente paso ya son vagabundos extremos.

Y eso es todo lo que puedo contaros hasta el momento.

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~ por Antonio en agosto 24, 2008.

5 comentarios to “Carta desde San Francisco”

  1. ¡Que tal Xcholo! Pues si es la culata, tampoco pasa nada. No tiene que ser un arreglo excesivamente caro y quizás ya no tengais ningún otro problema con ese coche. Disfrutad como hasta ahora y a seguir aplicando sabiduría oriental y artes del foro. Un fuerte abrazo.

  2. Hola chicos…. una vez manejé una Ford 38 con motor V8 acá en Argentina, a la que le faltaban los frenos, las luces, con la dirección haciendo juego…y aún así se viajaba. Hasta que nos llevamos puesto un camión Mercedes fue un viaje bastante pintoresco. En definitiva, un viaje debe ser épico además de eficiente, sino es simplemente turismo. Y ustedes vienen bien con eso de la épica….

    un abrazo desde Rosario, Argentina

  3. En Europa medimos la pobreza en terminos de deesigualdad, en USA se delimita “el umbral de la pobreza” no en relación nal resto de personas sino en relación a un minimo para subsistir, es la peor cara del capitalismo, la extrem desigualdaad que genera (aqui mal que mal tenemos estados (para lo bueno y para lo malo) que tratan de corregir (de modo ineficiente en numeros totales; pero siendo practicos algo hace) intervencionistas que crean una red para que por mal que te vaya sea muy dificil que acabes asi.
    Sobre la culata, no se porque debería de ser muy caro (no tengo ni warri de mecanica) ya que desguaces hay en todos los sitios y supongo que con algo de tiempo y dinero podreis solucionar el problema (¿habeis pensado en la opción barata: moto de no muy grande cilindrada? o hay problemas de carnets y demas)
    Bueno para terminar que mucha suerte y mucho animo.

    Un abrazo

  4. Culata: siempre he pensado que es bueno tener un amigo que sepa de coches, como en este caso parece que no ha puesto comentario no se si es que no teneis o que no se ha manifestado, en fin estoy von superpoguer, buscar un desguace y a ver si el mecánico os pone la culata por el menor precio posible.
    Pobreza: a nosotros nos sorprendió lo mismo, sobre todo a partir de las 18, salen como cucarachas en verano, o mejor dicho, están en el mismo número poero como el resto se recoge en sus casas se ven mucho más. Eso si, nos contó un guia (nosotros somos pijoturistas de de los de toda la vida) que el alcalde se SF daba un sueldo a todos los vagabundos registrados en la ciudad para albergue y comida, lo que significa que vagabundos por un tubo, pero no verás a ninguno pidiendo ni te van a atracar, aunque lo parezca. Al menos eso nos dijeron.

    Ánimo con lo del coche, seguro que terminais teniendo éxito.

    Si necesitas que te ponga en contacto con mi amigo el que sabe de coches mándame un mail.

  5. Juan Jose, me temo que la cosa está peor de lo que pensábamos. Ya informaremos.

    Maestro Villarino, nosotros estamos dispuestos a ir a por todas, pero lo cierto es que el coche no da garantías de llegar a más de 20kilómetros hacia cualquier dirección, así que mejor corregirlo antes que tener que gastar 200euros en una grua.

    Superpaguuer y Casper, sobre lo de la pobreza ya le daré a la tecla porque nos tiene totalmente flipados, yo no he visto nada igual en mi vida, esto está lleno de mendigos por todas partes, parece la cola del comedor de las Esclavas, solo que per tot arreu

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