Carta desde Chiang Khan

Queridas amiguitas:

Nuestro último día en Seúl fue bastante apacible. La verdad es que a la capital del sur de Corea le dimos muy poca cancha porque pasamos todo el tiempo en busca de distintos accesorios que queríamos. En esta ocasión, dvd vírgenes para copiar las fotos de Aurora y un cable para el cargador de la cámara. Hay un centro comercial llamado “E-Mart” (o similar) que es promocionado como el gran centro comercial de la tecnología. Yo me esperaba una especie de Media Markt, a lo grande. En lugar de eso, era como un mercado de comida. Muchos puestecitos, vendiendo lo mismo o parecido muchas de las veces. El asunto es que si hay cinco fruterías no pasa nada porque mucha gente comprará en uno o en otro, o el pepino aquí y la naranja en el otro. Pero en este sitio había cinco o seis puestos todos con las mismas cámaras Nikon. Me pregunto si harán negocio, me imagino que si porque si no no estarían. En los bajos del E-Mart vendían también ropa y Aurora se compró también unas zapatillas deportivas. ¿Os acordáis de las míticas Nike Ewing? Yo me acuerdo de mis primos arriba y abajo con que si se habían comprado “las Jordan” y “las Ewing”. Las que se compró Aurora eran Ewing, sin más. Su talla le apretaba, el siguiente número le venía grande… total, que eligió su talla.

Con Nathan y Rachel tuvimos nuestra última cena hablando de nuestros proyectos de viaje. Fueron unos muy buenos anfitriones, estuvimos muy cómodos en su casa.

El martes cogimos nuestro primer vuelo en cuatro meses y medio. Habíamos intentado evitarlos al máximo, pero esta vez no nos quedaba más opción. En realidad sí, lidiar con la burocracia china para conseguir el dificilísimo visado y quedarnos quietos en Seúl, o volar hacia alguna parte. Escogimos volar a Tailandia.

En el centro de negocios de Seúl tienen lo que llaman “City Terminal”, que es una estación de autobuses especial para ir a cualquiera de los dos aeropuertos. En uno de estos autobuses llegamos al moderno aeropuerto de Incheon. Allí, lo típico en estos casos. Facturación y a esperar. Cambiamos dinero en una de las casas de cambio y se llevaron una comisión que nos dejó temblando. Es lo que más fastidia del cambio de dinero, que el intermediario siempre se lleva un señor pellizco. En Corea no habíamos cambiado todavía dinero y la primera y única vez fue terrible. Las comparaciones son odiosas, pero recuerdo que en Japón las comisiones eran mínimas. Puede ser que haya alguna regulación al respecto, lo cuál me parece bien.

Volamos con “Malaysia AirLines” haciendo un extraño recorrido, de Seúl a Kuala Lumpur y de allí a Bangkok. El primer vuelo fueron más de seis horas, bastante cómodo. Además es una gozada esa compañía, porque te sacan primero unos cacahuetes, luego un zumito, después una cervecita, más adelante la comida (nada del otro mundo, pollo con verduras, tipo hospital) y por si las moscas un tentempie, un sandwich de atún. Como en realidad soy un pequeño burgués, todas esas pijaditas me encantan. Poniéndonos serios, creo que esas cositas tontas hacen que te sientas más cómodo. Lo primero debe ser la eficacia, pero una vez lograda hay que buscar la eficiencia y si acaso la excelencia. Con mantita y almohada para que duermas cómodo, algunas de esas cosas las dan también en las compañías europeas, otras no.

De Kuala Lumpur no conocimos más que su moderno aeropuerto. Cogimos por segunda vez un metro interno. Tanto en Incheon como en el aeropuerto de Kuala Lumpur hay un metro interno que comunica unas terminales con otras. En fin, cosas que facilitan un poco el rollo que supone estar cambiando de vuelo. Nuestro segundo avión era de la misma compañía, más pequeño y sólo un par de horas de viaje.

En estas, llegamos a Bangkok. Cogimos un taxi desde el aeropuerto y como es habitual, pagamos la novatada. Sabíamos que el taxi nos tenía que costar entre 300 y 400 baht. Como yo soy idiota, me pensaba que eso no era nada. Al coger nuestro taxi, había mucho atasco y el recorrido era muy largo. Le di al tipo un billete de 1000, en principio se lo quería quedar tal cual, cuando le llamé la atención me dio 200 de vuelta. Total, 800 baht costó la cosa. En mi mundo feliz, pensaba que eso sería cinco euros, seis euros. En realidad fueron 16 euros. Entre comisiones y taxis se nos fue una pasta el primer día.

Nuestra nueva anfitriona en Bangkok se llamaba Marie. Profesora de … matemáticas. Seguimos con el profesorado, cambiamos la asignatura. Francesa de 21 años, bastante cabeza loca, llevaba pululando desde hacía un par de años. Vivía en un sitio que parecía un hotel, aunque no lo era. Para que os hagáis una idea, es como si un antiguo hotel lo reconvierten en habitaciones para alquilar para que la gente viva allí. Así que era un edificio donde vivía la gente todo el año, pero las habitaciones eran como habitaciones de hotel.

Marie nos llevó a cenar el primer día y tuvimos así nuestro célebre encuentro con la gastronomía tailandesa. Una simple ensalada es toda una explosión de sabores.

Nuestros días en Bangkok los pasamos esencialmente en el barrio de Patrunam, caminando entre los puestos. Todo está lleno de puestos de comida, una cantidad de frutas de las cuales la mitad son desconocidas para nosotros, muchísimos puestos de gafas de sol de dudosa procedencia legal… centrándonos en esto de la “dudosa procedencia legal”, había un gran centro comercial de electrónica en el que venden dvd a 100 baht, ordenadores tiradísimos de precio, videoconsolas, de todo. Los vendedores de DVD te paran y te enseñan una película, por ejemplo, “La vida es bella” y cuando tu novia no mira le dan la vuelta y por el otro lado de la carátula te enseñan una peli porno y te hacen un guiño. Cuando tu novia se gira, lo giran de nuevo.

Desde Bangkok nuestro objetivo era dirigirnos hacia algún pueblo alejado en lo posible del rollo turístico y emprender nuestro descanso. Para comprar el billete de autobús, tuvimos que ir a la estación de Mo Chit, que está a tomar viento lo mires por donde lo mires. Allí entras y los tailandeses te intentan convencer de que en realidad quieres un billete a otra parte, pero es cuestión de no hacerles mucho caso. No son para nada abrasivos, te sueltan su perla, si les sigues el rollo bien y si no, van a lo suyo. Para ir a Mo Chit había que coger el tren BTS. Es un tren que transcurre por unas vías altas, sobre la ciudad. Bangkok es un lío de autopistas que cruzan la ciudad con distintos niveles y , en el nivel más alto, el tren BTS. De allí tuvimos que caminar un par de kilómetros hasta comprar nuestro billete de bus.

Esa fue nuestra primera etapa en Bangkok, no dio mucho de sí, no visitamos el centro histórico, pero saboreamos las comidas callejeras y nos hicimos un poco a la atmósfera de la ciudad. Es una ciudad que parece que la planificación urbana la ha hecho el enemigo, está llena de coches y los tuk tuk, que te ofrecen todo el rato llevarte. Sin embargo tiene algo que la hace atractiva, no se decir el qué. Volveremos a pasar por Bangkok más adelante.

La ciudad que escogimos para nuestros días de retiro fue Chiang Khan, al norte del país, junto a la frontera con Laos. Nos ofrecían billetes de autobús VIP, primera clase o segunda clase. El viaje iba a ser de más de nueve horas y tras la experiencia en autobuses de segunda clase marroquíes, nos inclinamos por la primera clase. En Marruecos, la segunda clase esencialmente eran autobuses que se caían a pedazos, mientras que la primera clase eran autobuses como los que tenemos en Europa. En Tailandia la primera clase ya marca la diferencia, el espacio entre asientos es mayor, hay hasta azafata que te da un bollito y una botella de agua según te sientas. Aun así, viajar en autobús siempre es incómodo. A la vuelta cogeremos el VIP, no creo que tenga oportunidad posterior de viajar en un autobús VIP y aquí seguro que es barato.

A las 5 de la mañana llegamos a Chiang Khan y cogimos nuestro primer tuk-tuk. Básicamente, un tuk-tuk es una moto con un remolque cubierto, que es donde van los viajeros. El tuk-tuk nos dejó en la que va a ser nuestra casa durante los próximos días, la Chiang Khan guest house. Es una pequeña casa con una docena de habitaciones en la planta superior. En la planta baja hay un gran espacio donde puedes sentarte y comer o cenar cuando hay comida o cena (no tienen restaurante propiamente dicho, pero a veces cocinan). En la planta superior, además de las habitaciones, hay una hamaca y una terraza muy tranquila con vistas al imponente río Mekong. Estamos a la orilla del río. Las habitaciones son pequeñas, muy sencillas, básicamente la cama con una mosquitera enorme cubriéndola y una mesita. Los baños son compartidos, aunque no es gran problema porque no hay mucha gente. Un par de metros más en la habitación la harían perfecta. Pero está bien y cubre nuestras pretensiones por el momento.

Aquí no hacemos nada del otro mundo. Pasear por el pueblo y leer. Y eso es lo que haremos durante los próximos días, hasta que nos aburramos de estar quietos y sigamos adelante.

Hay un gallo que canta a todas horas. Esta algo trastornado. Pensamos que el trastorno se debe al enamoramiento. Por ser un gallo enamorado hemos decidido llamarle Edu. Asi somos nosotros.

Desde aqui le doy la bienvenida a Guillermo, nuevo miembro del matriarcado. Y enhorabuena a Carlos Sastre

Anuncios

~ por Antonio en julio 27, 2008.

2 comentarios to “Carta desde Chiang Khan”

  1. En las fotos parece de lo más idílico, por no decir aburrido. Qué vas a hacer todo el rato? Teneis internet cerca, parece.

  2. Leer, pasear, y sobbretodo ser maleducados y groseros en “casa”, que es lo que echabamos de menos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: