Carta desde Daegu

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Recuerdo a todos que estoy desarrollando una votación popular, con el mismo éxito que el referendum de la Constitución Europea o el del Estatut juntos, en este apartado clic. Ya veremos lo que da de sí, si es que da algo de sí

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Queridas amiguitas:

En Corea, ser extranjero es casi como ser una atracción de circo. Especialmente en una ciudad mediana como Yeosu. Todo el mundo te mira sin ningún tipo de disimulo y los chavales incluso te detienen para decir “hello” o “bye bye”. Que triste que por no tener ojos rasgados todos piensen que debes hablar inglés. Nosotros replicábamos “hola” y “hasta luego”.

En Yeosu gozamos la oportunidad de tener un apartamento propio. Gillian tenía que cuidar el apartamento de sus amigos que estaban de viaje, lo que imagino que implicaba desde regar las plantas hasta pasear al perro.

El calor en Corea empieza a ser un asunto serio y nos está condicionando enormemente. Las temperaturas rondan los cuarenta grados, si bien no los alcanzan, pero la humedad hace el resto. Como yo siempre me quejo del calor (y de muchas otras cosas) no me fío de mi propio criterio. Lo que me tiene preocupado es que es Aurora la que se está quejando bastante del calor. Eso significa que hace calor. Mis percepciones subjetivas en algunos temas las supedito a lo que diga Aurora. El calor es una de ellas.

Debido a esto, últimamente no estamos haciendo demasiado. En Yeosu nos dedicamos a pasear por la calle grande que llevaba hacia una playita con un templo. Los coreanos hacían lo propio y se resguardaban bajo la primera sombra que encontraban. No da el tiempo para mucho más. Para rematar el calor, uno de los días se nos hacía imposible encontrar algún sitio con agua fresca y como mínimo un ventilador para darnos algo de tregua. Al final encontramos un lugar en el que nos pusieron de comer bulgogi, carne a la plancha con tallarines. Un almuerzo potente que nos subió la temperatura varios grados.

Con Gillian sólo estuvimos la última tarde. Sus amigos cambiaron varias veces la fecha de vuelta, así que ella tuvo que quedarse más tiempo cumpliendo sus funciones de guardesa. El último día estuvimos con ella y nos llevó a la pequeña isla de Odongdo, una isla comunicada con Yeosu por un puente. En esta isla hay vistas de toda la ciudad, un camino de reflexología (algo muy común en Corea, piedrecitas en el suelo para que camines descalzo sobre ellas), un parquecillo y una fuente con un espectáculo de luz y color. Lo de la fuente no tenía gran misterio. Ponían una música clásica y salían chorros de agua alternativamente con focos de distinto color. Como el Palacio de la Granja pero más moderno. Era muy cursi,pero nos cogió en un día cursi y nos pareció hasta bonito. No se me cayó la lagrimilla de milagro.

De Yeosu nos desplazamos a la ciudad de Gwanju. Esta ciudad es clave en la historia de la mitad sur de Corea por ser donde se centraron un gran número de protestas contra la dictadura militar. Volvimos a dejar el autostop de lado, si bien por un motivo distinto. Nuestro siguiente anfitrión nos dijo que intentásemos llegar a las 13:30. Cómo no queríamos jugar con el tiempo, fuimos a lo seguro.

Este autobús fue mucho más sencillo y seguro que el anterior que cogimos en Corea. Una vez en la ciudad de Gwanju, el transporte público nos dejó junto a la plaza de la Democracia, en la que nos encontramos con Michael.

De profesión obvia a estas alturas, Michael había estudiado cine especializándose en guión y animación. Con el dinero que ahorrase pensaba rodar los primeros minutos de un proyecto de animación que luego tendrá que presentar a la productora pertinente para ver si sale adelante. Se lo va a jugar a una carta. Aurora le aconsejó que lo hiciera, yo no llegué a tanto porque prefiero no aconsejar a nadie que se gaste todo su dinero. Luego me vienen remordimientos.

El calor en Gwanju era aun mayor que en Yeosu. Y además la comida picante empieza a pasarnos factura. Estamos atravesando momentos estomacales que mejor no relatar, en nombre del buen gusto, a nuestros queridos lectores. Aurora mantiene la prudencia, pero a mi me ponen un poco de kimchi y no se decir que no. Con este panorama, no hicimos mucho más que estar en casa.

Salimos a la calle pocas veces. La primera de ellas, visitamos una institución coreana: el DVD Bang. Bang quiere decir habitación. Por lo tanto, habitación del DVD. Son unos negocios en los que vas y seleccionas una película en DVD que luego ves en una sala con un sofá muy confortable y una pantalla gigante. El precio no vale la pena, pero queríamos probar. La mayoría de los coreanos le dan un uso muy distinto al que le dimos nosotros. En Corea no puedes casi ni acercarte con tu novia a casa hasta el momento de la boda. Así que los coreanos se piden la película más larga que encuentran, se meten en su “bang” y el resto lo podéis imaginar. Nosotros vimos “Old Boy”, la última gran película del cine coreano. Muy impactante. Tan impactante como que el dependiente del DVD Bang no la conocía. Suerte que es la más famosa que se ha hecho en Corea hasta la fecha, junto a un par más. Coreanos…

También paseamos por las calles céntricas de la ciudad. Unas calles llenas de pequeños comercios de escaso interés, puesto que la mayoría eran de ropa y al final era lo mismo en todas partes. Si algo destacaba era la ropa interior con el dibujo del billete de 10.000 won que por supuesto me compré.

Con Michael pasamos mucho tiempo hablando de series y películas. También salimos a cenar varias veces, en general a los “kimbab”, que son los sitios de comida rápida y barata coreana. El kimbab es un rollo de arroz en una alga, tipo maki sushi pero diferente. Otros de los platos que sirven son el bibimbab, arroz con huevo y verduras, el tokpoki, pasteles de pasta de arroz picantes, o las mundu, que son las empanadillas. En general estos kimbab son la base de nuestra alimentación. Además probamos pollo frito al estilo coreano, que es un pollo rebozado con una serie de especias (la nuez moscada es la que más se hace notar… les va la marcha a esta gente eh superpaguer), y el payong, que es una especie de torta con verduras y pulpo, muy rica. Además nos pusimos finos de una pasta picante, lo cual repercutió en nuestros estómagos y en la mala leche que me ha acompañado los últimos días. Y lo peor es que es culpa mía.

De Gwanju fuimos a Daegu. Esta vez sí, en autostop. Fue relativamente fácil. Encontramos un sitio idóneo para que parasen coches. Tan idóneo era que los propios coreanos se citaban allí con sus amigos para que les fuesen a recoger, según pudimos comprobar. Tenía algo de peligro porque no era más que un arcén grande lleno de coches haciendo maniobras. Varias personas pararon para encontrarse con sus amigos y nosotros pensábamos que paraban para encontrarse con nosotros. Hasta que uno lo hizo. Se llamaba “Juan”. Bueno, no se llamaba Juan, pero el nombre sonaba parecido y así es como pasará a nuestra historia. Nos enchufó el aire acondicionado a todo meter y no nos quedamos congelados de milagro, pero era un tipo simpático que nos hizo todo el camino en un sólo tramo. Más no se puede pedir. No invitan a te o a comer, como los japoneses, pero conducen a más de 100 por hora. Tardamos algo más de dos horas en hacer 250 km. En Japón eso podía haber supuesto seis horas.

No sabemos si este habrá sido nuestro último autostop en un tiempo largo. Ya os enteraréis. Los motivos son variados. El primero es que estamos perretes. El segundo, que hace muchísimo calor y estar parado en un arcén con el sol pegando duro no nos hace mucha gracia. El día que vinimos a Daegu apenas estuve 30 minutos con la mochila a la espalda, quizá menos, y ya la tenía chorreando de sudor. Nos puede dar un jamacuco. El tercero es que la última semana hemos estado muy piltrafillas entre los dolores de espalda, pie, estómago… así somos de flojos. Y el cuarto es que a todo eso podemos añadir que los billetes de autobús en Corea, sin ser regalados, tienen un precio bastante razonable. En fin, queríamos probar como funcionaba el autostop en Corea y lo probamos. Si lo haremos más, ya se verá…
En Daegu nos encontramos con nuestro siguiente anfitrión, Bron. Por no decir su profesión actual, diremos mejor que es arquitecto y que ha recorrido todos los Estados Unidos en bicicleta. Y que ahora está aquí, como tantos otros, porque no tenía nada mejor que hacer. Tiene la particularidad de que no tiene teléfono móvil, así que tuvimos que buscar su casa y esperar que estuviese el ahí. Efectivamente, estaba.

Para seguir nuestro camino de la estupidez alimenticia, volvimos a hacer de las nuestras. Nos metimos en un restaurante. No nos entendíamos con la camarera, una amable señora. Así que conseguimos que captase que queríamos que nos pusiese comida, la que fuera. Apareció con una paella llena de panceta con cebolla y una salsa muy picante. Nos la comimos, claro. Así que seguimos con una fiesta en nuestros intestinos de cuidado. Por eso lo único que hicimos en los primeros días fue salir a comprar alguna vez y jugar a un juego de mesa llamado Propolis consistente en conseguir recursos y construir ciudades.

Ya recuperados minimamente de nuestras molestias estomacales, esta mañana hemos salido a tomarle el pulso a la ciudad de Daegu. Hemos tenido unas últimas comidas muy blandas. Aquí están de moda las tostadas. Hay muchos locales de tostadas, básicamente son de sandwiches con el pan tostado rellenos de cosas variadas bastante suavecitas. Respecto al centro de la ciudad, tiene bastante más vida que la que tenía Gwanju, además de una mayor variedad de negocios, aunque tampoco nada del otro mundo. Interesante para dar un paseo y poco más. Quizá lo más interesante para pasear por la ciudad es la rivera del río.

Esto es lo que ha dado de sí esta última semana. No demasiado, pero es lo que hay. La nota más destacada de esta semana es que me he arreglado MÍNIMAMENTE la barba que tantas sensaciones está despertando allende los mares. Tenía mis dudas acerca de su mantenimiento, pero un gran amigo me dijo que Klaus ordena que me deje la barba durante todo el viaje. Y no puedo desobedecer a Klaus. Por eso sólo la he adecentado un mínimo. Me llegan emails de amigos que se están dejando también crecer la barba debido a mi constancia. No puedo más que animarles a que resistan el verano con entereza y en invierno tendrán el placer de mantener su rostro cálido como una tarde junto a la chimenea cantando villancicos.

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~ por Antonio en julio 13, 2008.

5 comentarios to “Carta desde Daegu”

  1. Haz el favor de tener cuidado con la comida, al fin y al cabo ahí existe el arroz blanco y, tal vez, puedas conseguir pescado cocido.
    Respecto a la barba, yo creo que deberías cortartela, junto con el pelo, porque la verdad, tu aspecto es bastante inquietante y más en un sitio donde no existe gente tan barbuda.
    Sin querer crear polémica nuevamente, con excasa participación se aprobó el estatuto y en USA tampoco es que vote la gran mayoría

  2. Suena interesante lo del juego ese de mesa… tendré que buscar más información!
    Yo siento contradecir a Maria Luisa pero las barbas y los pelos ya sabes que son mi perdición, una pena que me esté quedando calvo y no pueda hacer locuras de juventud como dejarmelo largo hasta que parezca un barraquero o meter la maquinilla y quedar como el último mohicano…

    Un abrazo.

  3. Maria Luisa, pescado cocido no se como se pide y arroz blanco no se pide directamente, es guarnición. Pero esto fortalece el estómago, eso dicen los coreanos, a más kimchi mejor estómago, será que depura.

    Respecto a la barba, sí, la verdad es que es inquietante en estas tierras. Pero la opinión de Albareto me convence más.

    Albareto, en la caja del juego ponía Propolis, pero luego al buscar Propolis tal cual no sale nada en Google… tendría otro nombre, no se.

  4. hola no si te recuerde de mi pero fue la persona que le ha cogido con mi coche desde Paris hasta Belgica hace 3 meses o mas. No me recuerdo.
    Come estan ustedes?
    veo que le sitio esta mas rico.
    Estoy continuando a estudiar sobre la numerilogia y el sentido de los sitios de vida de cada uno en relacion con el camino de cvida numrologico.
    me gustaria recibir su fecha de nacimiento con su nombre completo. te manadare algunos resultos si quiere
    saludos hasta luego
    Laurent

  5. Hola Laurent!

    Claro que nos acordamos de ti! Pero perdimos tu direccion porque Aurora perdio su cuaderno, por favor mandanos un email y te escribimos!

    Un saludo!

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