Carta desde Kamo Aosa

Queridas amiguitas

Finalmente abandonamos la preciosa isla de Hokkaido y dimos el salto a la de Honshu, que esla isla principal de Japon, donde estan las grandes ciudades.

El transito fue sencillo, fuimos a la terminal de ferry en Hakodate y esperamos unas horas a que saliese el siguiente ferry. En la espera estuvimos viendo el beisbol. Les encanta el beisbol a estos japoneses. Yo ya le he cogido la dinamica, pero me parece un juego bastante aburrido. Hasta que pasa algo interesante pierdes media vida. Y eso cuando pasa. Un ‘home run’ de esos que hacen es impresionante, pero en el fondo mandan la pelota fuera, recorren todas las bases i prou.

El barco en el que viajamos era mas pequenio y discreto que aquel con el que entramos en Hokkaido. Pero seguia teniendo su rollito tatami en el que tumbarte. En Japon da gusto tumbarse en el suelo.

Al llegar a la ciudad de Aomori, nos recogio Chris, nuestro siguiente anfitrion. Como no, English teacher. Lo primero que hizo fue llevarnos a su clase para adultos, que era basicamente de conversacion. Se juntan ahi y Chris les pregunta sobre lo que han hecho en la semana y les va corrigiendo cuando meten gambas. Habia niveles de todo tipo. Chris decidio que seria mas ameno si dabamos la clase en un izikaya, asi que alli fuimos. Era un restaurante muy curioso porque todas las mesas tenian compartimentos privados, de manera que no veias a nadie mas. Habia un boton para llamar a los camareros, cuando lo pulsabas aparecian, se inclinaba y te preguntaban de carrerilla que querias. En cinco minutos lo tenias servido. Lo malo es que fue algo caro, y es que en Japon es dificil limitarse al presupuesto.

Chris vivia en una casa de dos pisos solo para el, cesion del gobierno nipon mientras trabaje como profesor. Una casa en medio de un arrozal, muy comoda y muy tranquila. El futon en el que dormiamos era la mar de comodo.

Una de las alumnas de Chris, Kyoko, nos ofrecio invitarnos a su casa a tomar el te al estilo japones. Por supuesto, aceptamos la invitacion. Kyoko tenia un nivel de ingles muy elemental, pero se esforzaba mucho por aprender e intentaba siempre hablar de todo tipo de cosas. Nos llevo en coche a la casa y nos quedamos asombrados. Un enorme jardin japones con riachuelo y pececitos fue lo primero que vimos. Desde el jardin entras por un huequecillo a la sala del te, una salita pequenia en la que hay que entrar de rodillas y hacer varias inclinaciones. Por lo visto es asi en todas partes y la regla es que aunque seas el emperador tienes que agacharte al entrar a tomar el te en casa de cualquiera.

En el interior, la casa de Kyoko seguia siendo impresionante. Habitaciones con tatamis y puertas corredizas, altares budistas… Kyoko nos presento a su nonagenaria madre, una mujer muy sonriente. Me contaron que la madre,debido a los achaques de la edad, no podia moverse mucho por su cuenta y pasaba mucho tiempo en casa haciendo sudokus. Yo le dije que mi abuela en Valencia tambien tenia la misma situacion, asi que me regalo un libro de sudokus y un boli de tinta especial para que se entretuviera. Lo tendre que hacer llegar en el proximo envio.

La tarde de aquel mismo dia, Chris decidio llevarnos con el a sus clases de ceramica a casa de su sensei. Este sensei era por lo visto una celebridad en la materia y tenia un cason enorme. Le gustaba darle al sake que no veas. De ceramica yo no entiendo demasiado, aunque el me alabo la extraordinaria ceramica toledana. Despues de las clases nos invito a cenar en el jardin en una pequenia parrilla que se habia instalado, en la que hizo varios pescaditos y verduras. El sake corrio en grandes cantidades. El sensei estaba empeniado en que le hablasemos de arte de nuestra tierra, yo no soy un gran experto pero me defendi bien y le conte un poco acerca de las intoxicaciones de Goya, tema que le intereso profundamente.

En nuestro ultimo dia en Aomori, Chris nos ofrecio a ir con el al instituto a sus clases de ingles. Fue una gran experiencia. Dimos clase a dos cursos distintos, que vendrian a ser el equivalente a COU y a 2 de BUP. Basicamente en las dos clases nos presentabamos y les contabamos nuestro viaje, ellos decian ‘oooohh’ y se reian. Luego nos hacian preguntas que les parecieran interesantes. Les gusto mucho hablar sobre la siesta (aqui eso es algo que no se da), sobre los toros, sobre Raul, Torres y Casillas… tambien nos preguntaron sobre que mangas eran famosos alli. Tampoco es mi materia, pero me limite a relatarles los mangas de la tele mas celebres y quedaron muy contentos. Fue una gran experiencia, yo lo pase en grande y nos echamos muchas risas. Que curioso estar en el lado del profesor, controlando a los chavales.

Ese mismo dia fue el reto del sushi. El dia anterior habiamos comido sushi y habia una foto de un chico en la que ponia ’53’. Eso significaba que ese chico habia comido 53 platos de sushi, 106 piezas en total. Si lo superabas, era gratis. Con mi experiencia en bufets libres, barbacoas, Bonar, Casa de las Tortillas y Guarro de Vallekas, pense que seria capaz de superarlo. Asi que nos emplazamos al dia siguiente para intentarlo. Llame a mi sensei de la comida, la persona que conozco que mas puede comer, cuya identidad preservo para no hacerle famoso, y recibi varios consejos. Al dia siguiente lo intente, pero sucumbi en 28. Cuando llegue a esa cifra, pense que sin problemas podria llegar a 35 o incluso superar esa cifra, pero no llegar mucho mas alla. Asi que como ya no me iba a salir gratis y al record no llegaba ni de broma, decidi frenar.

Haciendo un analisis, basicamente tuve dos errores. Con mi maestro habiamos hablado de que seria interesante hacer un arranque potente porque luego el ritmo bajaria seguro. Pero quiza lo hice demasiado potente. Habia que evitar el agua para llenarse menos, y tambien cosas saladas para no beber mucho. Por eso rechace poner soja en el sushi. Creo que tenia que haber buscado un termino medio, porque sin la soja todo estaba demasiado seco y era mas dificil tragar y mas incomodo. Estos son los errores por mi parte. Probablemente, con estos errores hubiese perdido de todas formas. Pero creo honestamente que un trozo de atun estaba en mal estado. En cuanto lo comi note algo raro, lo senti mal y a partir de ahi ya empece a estar muy incomodo. En fin, reto no superado, aunque es mi reto personal.

Nuestra ultima noche en Aomori la pasamos en uno de los celebres karaokes. En nuestros karaokes, hay un gran espacio en el que cantas ante todo el bar. En los karaokes japoneses tienes un espacio privado para ir con tus amigos. Pagas una cantidad inicial y con eso tienes barra libre de canciones y bebida por un plazo de dos horas. Pasamos un rato bastante ameno, yo me centre basicamente en los Ramones y los Sex Pistols (bueno y Las Ketchup y France Gall) y creo que en el Blitzkrieg Bop di la talla medianamente bien (bueno y en el Asereje).

Asi nos despedimos de Chris, una persona excepcional a la que le vamos a estar siempre agradecidos por su genial trato.

De Aomori salimos temprano hacia nuestro siguiente destino, la ciudad de Kamo Aosa. El inicio del autostop fue algo complejo, tardo en frenar el primer coche. Aunque cuando freno, nos llevamos desayuno como regalo de los hombres de negocios que nos hicieron el tramo. En el siguiente pueblo esperamos un rato y nos recogio un joven viajante que trabajaba vendiendo kimonos y material para los templos por el norte de Japon. Nos iba a llevar al pueblo de Odate, eso era lo acordado. Le dijimos al chico que si nos podia acercar a algun cajero, porque nos estabamos quedando sin dinero suelto. Asi que nos pusimos a buscar. Buscabamos, buscabamos y nada. Japon es la sociedad del dinero suelto, casi nadie tiene tarjetas de credito, todos llevan inmensas cantidades de dinero suelto encima. Claro, aqui no roban. Encontrar un cajero es una odisea y cuando lo haces, reza porque acepte tu tarjeta. Una sociedad sin bancos en el fondo es algo bastante interesante, pero cuando sabes que tienes dinero pero no puedes gastar porque no encuentras un cajero, te pones nervioso. Total, que este buen hombre decidio llevarnos hasta el siguiente pueblo a buscar cajero. Tiramos hacia delante y nada, no habia. El tipo queria llevarnos de pueblo en pueblo a buscar cajero, pero ya nos supo mal y le dijimos que por favor que volviese a su trabajo. Al final nos regalo dos amuletos.

Llamamos a nuestros siguientes anfitriones y les explicamos nuestra situacion. Nos dijeron que fuesemos hacia su casa, porque alli conocian un cajero que aceptaba muchisimas tarjetas. Asi que seguimos el camino hacia delante. El siguiente tramo nos lo hizo un tipo llamado Koisei, que era el duenio del restaurante del mercado de los granjeros en la zona. Nos escribio su nombre en kanji y nos invito a comer al restaurante, que estaba en un punto intermedio entre donde estabamos y nuestro destino. Nos invito a un inmenso plato de arroz con curry al estilo japones.

Desde el mercadode los granjeros hicimos nuestro ultimo tramo, hasta el pueblo de Kamo Aosa, en la peninsula de Oga. Nos llevaron unos pueblerinos bastante salados con un coche que parecia una nave espacial.

Ese dia me puso un poco hippie, pero no os asusteis. Recibimos tanta ayuda de gente que no nos conocia de nada, que no podiamos mas que sentir inmensa gratitud, porque todo era bueno para nosotros, gente interesandose por nosotros, invitandonos a desayunar, a comer, ayudandonos a buscar cajeros… daban ganas de darles a todos abrazos enormes.

En Kamo Aosa, nos recibieron Scott y Masako, nuestros nuevos anfitriones. Scott es de California y Masako es de aqui, aunque se conocieron alla en las Americas. Gozan de un envidiable retiro junto al mar en Japon. El pueblo de Kamo Aosa apenas tiene 200 habitantes, playa y montania.

La vida de Scott es interesantisima. Fue actor en Broadway y en Hollywood, solo hizo papeles secundarios pero alcanzo un nivel suficiente como para vivir de la profesion con comodidad. Se canso del trabajo, pinto un cuadro y lo vendio por un dineral a una actriz de una teleserie. Luego se dedico a diseniar joyas e hizo una fortuna. Pero finalmente una serie de inversiones mal pensadas le llevaron al limite de la quiebra. A todo esto, ya conocia a Masako en California. Esta situacion nueva de dificultades les llevo a venir a Kamo Aosa, el pueblo natal de Masako, donde viven en una casa humilde pero muy comoda. Scott dice que antes tuvo millones de verdad, pero que ahora se siente mucho mas millonario en este increible emplazamiento.

Aqui estamos de relax, que es algo que necesitabamos tras tanto autostop. Jugamos a las cartas, leemos y nos deleitamos con la extraordinaria comida de Masako. Ayer hizo un tiempo terriblemente malo, hacia tanto viento que temblaba la casa. Por cierto, que tenemos una azotea para nosotros cerca de la casa de Scott y Masako, con vistas increibles al mar. A pesar del mal tiempo que nos hizo, como digo, aqui estamos de maravilla.

Estaremos un par de dias mas y luego seguiremos hacia delante.

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~ por Antonio en junio 1, 2008.

5 comentarios to “Carta desde Kamo Aosa”

  1. hola. habeis tardado en actualizar pero el relato ha merecido la pena (como siempre, desde que habeis llegado a japon). Lo del sensei que es como un maestro jedai, ¿no?.

  2. Estás usando el nuevo ordenador? Por lo que veo no tiene la Ñ, luego se puede cambiar el sistema operativo? Habeis enviado la cámara antigua? lo digo por el peso. Se arregló el disco duro de Aurora? Como verás son todo preguntas tontas, que se me olvida haceros cuando hablo con vosotros.
    Seguid adelante. Habeis visto geishas? o similares

  3. Curiosa la historia del sushi, la verdad es que el Boñar de León es una escuela en la que practicar pero 53 platos de sushi… son muchos xDD Imagino que habrá foto de tal evento, espero que cuando volvais paseis por Bilbao (principio y fin de lo que fue, es y será) y nos tiremos una tarde entera viendo esas fotos 😉

    Un abrazo!

  4. Tieta, sensei quiere decir maestro

    Maria Luisa, si que lo estamos usando pero no siempre nos conectamos con el. La camara antigua no la hemos enviado, pero lo haremos. El disco duro, todavia no nos hemos puesto a fondo con el, aunque pudimos sacar todas las fotos y guardarlas en un dvd por si las moscas

    Albareto, si que son muchos, si, pero tendre que volver a intentarlo. Espero que Bilbao nos espere!

  5. […] originalmente en Camino a casa, 1 de Junio de […]

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