Carta desde Brooklyn, Nueva York

•Octubre 26, 2008 • 6 comentarios

Queridas amiguitas:

Era previsible, es nuestra dinámica habitual, nos hemos vuelto a quedar “atrapados” en una ciudad.

Dejamos a Brett y los suyos en Rhode Island el lunes por la mañana y nos acercamos en tren a la gran ciudad. Nuestro plan básico era el siguiente: ir a la oficina de Driveaway, cobrar el cheque de nuestro depósito e ir hacia el norte del país, quizá hasta Canadá, investigar un poquito aquello y luego volver aquí antes de que se acabase nuestro visado. Sobre el papel, todo fácil.

Nos buscamos una anfitriona en Nueva York para estos días, Rachel, que vivía en Brooklyn junto a su compañero de piso Ross, y también Sam, Jack y dos perros. La zona en la que estaban era Williamsburg, que es bastante alternativa, tipo Malasaña, en el buen y mal sentido.

Con ella fuimos un día a Manhattan, que es la parte más conocida de Nueva York y considerada “el centro” de la ciudad. Paseamos por Union Square, cogimos un ferry gratuito que va hasta Staten Island y pasa justo por delante de la estatua de la libertad, visitamos Chinatown y Little Italy. Lo curioso de Little Italy es que está en el medio de Chinatown, vas paseando por calles llenas de comercios chinos, con letreros en chino, y de repente apareces en una calle llena de banderas italianas.

Este era nuestro único plan para Nueva York, lo demás lo dejaríamos para más adelante porque al día siguiente fuimos a la oficina de Driveaway. La oficina estaba en un pueblo de New Jersey llamado Stockholm, llegar era una odisea y además caro de narices. Total, que allí nos plantamos, llegamos al sitio y nos encontramos a un tipo muy majete en la agencia. Nos dice que no hay ningún problema con el coche, que el cliente quedó contento, que todo está en orden (bien) pero que han tenido un problema informático en el banco y no pueden expedirnos el cheque hasta la semana que viene (mal). Así que así nos quedamos. Como ya nos habíamos quedado estancados en San Francisco y en Dallas, esto ya nos pareció lo más normal.

El tipo nos dijo que lo sentía pero que no nos preocupásemos porque con darnos el cheque no iba a haber ningún problema, sólo que habría que esperar un poco más. Para alegrarnos el día, nos recomendó ir a comer a un sitio italiano que había allí cerca. Nueva Jersey es una de las zonas con más población italiana y de nuevo los tópicos se hacen realidad. Los clientes del local italiano parecían los amigos de Tony Soprano, con chandal, repeinados hacia atrás, la cremallera abierta y medallas con cruces. Y esa forma de hablar inglés que tienen los italoamericanos en las películas, no es sólo de las películas, es real. Yo estaba en la gloria allí. La gente era muy diferente, se nota que venían del sur, porque eran más simpáticos, bromistas, cálidos…

Allí en Nueva Jersey hacía un frío increíble, así que nos tuvimos que volver con los bolsillos vacíos y el cuerpo congelado. Ya será a la próxima.

A la vuelta paseamos por Times Square y todas estas zonas famosas. Era curioso verlo, pero la verdad es que también era un agobio impresionante, con todas las gentes cruzando de lado a lado.

Como habíamos contactado mucha gente de Nueva York en vistas a nuestra visita futura,no nos costó organizarnos un poco para esta vez no pasar todo el tiempo en la casa de la misma persona y así estorbar menos.

De casa de Rachel pasamos a la de Sean, también en Brooklyn. Decir “también en Brooklyn” es como no decir nada, porque la percepción que tenemos en Europa es que Brooklyn es un barrio pequeño pero en realidad es un grandísimo distrito lleno de muchos barrios.

Sean vivía en la zona llamada “Grown Heights”, que es la zona donde viven los inmigrantes caribeños. Había muchísima gente de Jamaica, Barbados, Trinidad y Tobago, Guyana… con su peculiar acento y su música en las calles.

Sean era profesor de lengua y literatura en un instituto en una de las zonas más peligrosas de la ciudad, aunque decía pasárselo bastante bien. Claro que no me extraña porque les llevaba a los chavales comics de Batman para analizar la historia y así te ganas el cariño de los chicos en un periquete.

Además de ser profesor de lengua y literatura, era un auténtico profesor de cervezas. Nada más llegar nos obsequió con varios ejemplares, destacando la cerveza local Brooklyn. Vuelvo a reivindicar desde este epistolario las pequeñas destilerías de cerveza que hacen maravillas a lo largo del mundo, mucha mejor calidad que las grandes marcas. Un punto para los EEUU por sus cervezas.

El conocimiento de este chico en la materia era impresionante, tanto que un día fuimos a una localidad fuera de Nueva York para probar una cerveza que hacían con calabaza, ahí es nada. Allí vino una chica amiga suya que había aprendido castellano en Argentina, tenía un acento argentino fuertísimo,era muy curioso.

En Nueva York el transporte es relativamente sencillo, hay muchas líneas de metro,estas tienen distintos trenes, ya que unos son exprés y otros paran en todas las estaciones, hay que saber esto porque si no te pasas tu estación más de una vez, a nosotros por supuesto nos ha ocurrido. Tienen un pase semanal a muy buen precio, en cuanto supimos que nos íbamos a quedar aquí varios días lo compramos, con el puedes coger todos los trenes y autobuses. Lo malo es que en una misma estación no hay comunicación entre uno y otro andén, por lo que si te equivocas al entrar tienes que salir y volver a pagar, o esperar 20 minutos si tienes un abono como el nuestro (por supuesto, también nos ha ocurrido). La información no es demasiado clara, aunque preguntando lo arreglas todo.

Con el transporte fácil y a buen precio, vamos y venimos de Manhattan facilmente. Por ejemplo, visitamos el famoso Central Park, del que poco puedo decir porque es un parque como tantos parques sólo que más grande que muchos. Agradable para pasear o sentarse un rato en alguno de sus rincones.

Lo malo de Central Park son las hordas de cazaturistas que quieren venderte paseos en bicis, caricaturas o cualquier chorrada, pero bueno, nada que no sepamos evitar a estas alturas.

De casa de Sean pasamos a casa de Scott, que nos acoge ahora. Nos hemos organizado así para no pasar todo el tiempo en la misma casa, así además conocemos más cosas y nos quitamos la sensación de estar quietos. En realidad, lo que hacemos es hacer ahora todo lo que teníamos pensado hacer más tarde.

Scott estudia Derecho y vive en el área llamada “Brooklyn Heights”, que es considerada el centro de Brookyn y el área más bonita estéticamente. Quizá es el área más normal o más parecida a cualquier barrio estandar de Madrid. Para seguir la buena tradición, nos recibió con cervezas locales y hamburguesas.

Nueva York nos está dejando una grata impresión. Es una ciudad con mucha vida en todos sus barrios, a mi me da cierta envidia porque desde que tenemos alcalde faraón (Manzano vuelve, si ya decía yo que más vale malo conocido…) Madrid va perdiendo progresivamente toda su vidilla. Coge cualquier barrio al azar de Nueva York y encontrarás algo peculiar (como el barrio judío, con todos vestidos con sus gorros negros y su barba), con tiendas únicas, o a lo mejor son barrios muy normales pero con gente en la calle todo el tiempo, con un predominio del pequeño comercio en el que se encuentra de todo. Es una ciudad más parecida a las ciudades que tenemos en Europa, quizá la mejor de Estados Unidos desde mi punto de vista. Lo que marca la diferencia es eso, lo viva que está, no hay ni un barrio por el que vayas y esté todo apagado, aquí dan ganas de salir a la calle sólo a ver la gente que hay.

Teoría del multiverso

•Octubre 22, 2008 • 3 comentarios

Desde que empecé a escribir este blog, he ido progresivamente perdiendo el respeto de mis queridos lectores. A base de redactar largas diatribas acerca de temas dispares, algunas veces con tono excesivamente refunfuñante, he ido poco a poco dinamitando cualquier tipo de autoridad moral que pudiese tener anteriormente.

Buceando en el fondo de mi cuenta de correo electrónico, buscando otra cosa, he encontrado un texto que redacté hace ocho o nueve años (con 15-16 años). Voy a publicarlo, aunque esto signifique perder el respeto de los pocos discípulos que me quedan a estas alturas. No importa. He considerado que mi deber es dar ejemplo y demostrar que los grandes prohombres de la historia también nos equivocamos. Y es que debo admitir que como Teruel, como Soria, como los Reyes Magos: Nueva York también existe.

Se va a cagar la perra:

Teoría del multiverso

No voy pedo ni nada, he tenido una iluminación que me ha iluminado el camino. Leed esto y pensad detenidamente. Leed con seriedad, pues es algo muy serio.Vivimos en el mundo actual.¿ Qué es la realidad? ¿Existe Nueva York? Yo no he estado en Nueva York, pero lo he visto en fotografías ¿He de creer, por ello, en la existencia de Nueva York?¿No he visto también el dibujo del ojo aquel que representa a Dios?¿He de creer por ello que existe el tal señor? Aquí viene una duda existencial que deberíamos plantearnos todos ¿es Nueva York un montaje de la Conferencia episcopal para que acudamos los Domingos (y fiestas de guardar y santificar) a llenar las arcas de la Iglesia?¿Es Nueva York, por ello, el auténtico Vaticano? ¿Es, en verdad, la Estatua de la Libertad pariente del Papa Juan Pablito II? De aquí podemos deducir que, basándonos en las demostraciones del fotograma fotómico, hay mas de un universo. Por ello hay que decir que en realidad vivimos en un multiverso. Hay universos paralelos, colocados en lineas no espaciales, sino temporales. Es por esto que existe la posibilidad de que haya un universo donde se esté en el pasado. Ahora bien, en caso de que viajemos a un universo donde se esté en el pasado ¿hablaríamos con propiedad al decir que estamos en el pasado? ¿No sería mas correcto decir que estamos en nuestro presente actual, aun estando en el pasado? De ahí viene la segunda duda planteada por mi mismo. Tenemos una tortuga y un caracol. Podemos plantear dos similitudes completamente ciertas: que los dos van despacio y que los dos tienen concha. Pero hay algo que hemos de tener presente: el caracol es hermáfrodita. Entonces, en un universo paralelo al nuestro ¿puede un caracol ser en verdad una tortuga y una tortuga ser un caracol, sin ser hermafrodita? ¿Puede ser la tortuga un animal hermafrodita o solo bisexual? Y llegamos al caso del mono y la serpiente. Ambos son animales que habitan en la jungla. Entonces ¿puede el mono ser caracol? ¿puede el caracol ser serpiente? ¿puede la serpiente ser tortuga? ¿puede la tortuga ser mono? Una cosa es cierta, el caracol puede ser serpiente, y la serpiente puede ser caracol. Esto está basado en que el caracol y la serpiente se mueven pegados al suelo y ambos pueden subir a los árboles, al igual que los monos, aunque no la tortuga. Pero, en un universo paralelo, ¿no puede la tortuga ser un animal arboríboro, es decir, según el término que acabo de inventar, un animal que vive en un árbol? Bueno, pensad sobre esto a lo largo del tiempo. Y recordar que el verbo chuscar es un verbo muy serio. Echar un polvete es de cachondeo, pero recordad que chuscar es un verbo muy serio

Carta desde Kingston, Rhode Island

•Octubre 19, 2008 • 4 comentarios

Queridas amiguitas:

Aurora al final se fue haciendo amiga del Honda y dejó de refunfuñar acerca de si el coche tenía diez años y todas esas cosas.

Por lo demás, el viaje transcurrió con normalidad. Atravesamos de nuevo Oklahoma. Con Oklahoma todos tienen un cierto cachondeo, dicen que son los más paletos. La verdad es que dan en general un poco de imagen de “Cletus”, pero están orgullosos de ello.

Antes de llegar a Oklahoma, todavía en Texas, visitamos el cañón de Palo Duro, que es el segundo más grande después del Gran Cañón. Nos quedamos con el mal sabor de boca de no haber podido visitar el famoso Gran Cañón, pero dependemos de los cochoes.

En Henryetta, Oklahoma, fue donde les dió por preguntarme si soy irlandés y desde entonces me lo han preguntado varias veces más esta semana. Me ven con mis camisetas reivindicativas, mi barbarroja y mi acento raro y me ubican en la tierra de Eriu. Así son ellos. Lo celebro.

En general hemos tenido muchas carreteras preciosas en Arkansas, Tenessee, Virginia, Pensilvania… y es que comienza el otoño y los colores son impresionantes. Lo ves en una postal y parece “photoshop”, pero o han inventado el photoshop tridimensional o esto es el otoño más bonito que he visto nunca.

Toda la parte del sureste de Arkansas y sudoeste de Tenessee son zonas bastante deprimidas. Era muy dificil encontrar moteles y en general había muchísimas casas abandonadas, muchísimos afroamericanos y muchísimos campos de algodón. Estos dos últimos factores han ido desgraciadamente unidos durante mucho tiempo.

El primer couchsurfing de la semana lo tuvimos en la ciudad de Nashville, la llamada ciudad de la música. Nos acogía DeeDee, una chica de Milwaukee que había viajado por Italia y estaba enamorada de dicho Estado, al igual que nosotros. La pena es que llegamos muy cansados y no pudimos disfrutar de la ciudad, DeeDee vivía en una de estas casas en las afueras y coger el coche no nos apetecía nada. Sólo vimos el centro una media hora y nos fuímos con la sensación de estar perdiéndonos una ciudad con mucha vidilla, la música se respiraba por todas partes.

A mediados de semana llegamos al Estado de Virginia que nos sorprendió gratamente. Ellos se consideran “sudistas” pero nosotros lo consideramos el comienzo del Este, y es que las casas empiezan a ser muy diferentes. No sólo las casas, también la configuración de los pueblos, que tienen más vida, como Wytheville, donde pasamos una noche, o Staunton. Toda esta zona junto a los montes Apalaches tiene preciosos paisajes muy diferentes a todo lo que íbamos dejando atrás.

En la localidad de Staunton tuvimos una gran alegría gastronómica porque estábamos más que descontentos con la comida americana. Los yankis que conocíamos en Japón nos decían que echaban de menos algo de variedad alimenticia, así que nos hicimos a la idea de encontrarnos una gran diversidad de alimentos insalubres. Pero no ha sido así. Hamburguesas, las que quieras, algunas muy ricas. Pizzas de todo tipo, la mayoría malas. Muchísimos Burritos, algún kebab. Poco más. Nos hablaban de los “mom and pop restaurants”, así llaman a los restaurantes de toda la vida, donde te sientas, te lees una carta, te atiende alguien medianamente majo nativo del lugar y todos tan amigos. Pero no encontrábamos nada. O bien encuentras cadenas, o bien encuentras imitaciones de las cadenas. Pero en Virginia, en Staunton, encontramos por azar un sitio llamado “Mrs Rowe´s” de comidas locales que fue una agradabilísima sorpresa. Muchas cosas insanas, por supuesto, pero diferentes. Es curioso las cadenas lo que anulan culturalmente a un pueblo, desaparece toda la diversidad y se avanza hacia la uniformidad, en este caso alimenticia, comida caca por todas partes. Hay gente a la que le gusta, lo respeto, pero el problema llega cuando hasta en el pueblo más perdido sólo encuentras un McDonalds y los viejos del pueblo se reúnen allí para contar sus batallitas. Es lo más triste que puede pasar. Yo desde aquí reivindico la “slow food” y la manera de comer que tenemos en Castilla y en tantos otros pueblos del sur de Europa, donde te sientas, tomas varios platos, un buen vino u otra cosa, y pasas una hora o más tiempo comiendo, hablando con los amigos, la familia, quien sea. Aquí hemos comido con algunas familias, muchas veces comen fast food, otras veces alguien cocina pero en vez de sentarse todos juntos cada uno se coge su plato y se va por ahí, o se sientan y comen rápido en cinco minutos… las comidas con mis abuelas (ambas, en Madrid o Valencia), largas, contundentes, agradables, es de lo mejor de mi cultura, perderlo sería lamentable.

De Virginia fuimos a Pensilvania, donde nos acogió Rita en la ciudad de Harrisburg. Esto fue interesante porque fue nuestra anfitriona “de rebote”. Habíamos contactado con un chico de couchsurfing pero el no estaba y lo arregló todo para que fuésemos a casa de su amiga Rita. Rita y su marido Gerald vivían en un barrio esencialmente africano, su familia había vivido en EEUU por varias generaciones pero ambos tenían ascendencia alemana. Esto nos llevó a una interesante conversación porque a veces en la radio hay Losantos yankis que dicen que si toda esta gente mexicana (o de donde sea) que viene a invadir la tierra de sus ancestros… lo que es una barbaridad, porque los únicos que podrían decir eso son los nativos americanos (cherokees, navajos, apaches, etc), y no todos estos que son inmigrantes igualmente, aunque de más generaciones.

Nos contaron Rita y Gerald que tenían una hija que era una enamorada de Madrid. Lamentablemente no pudimos conocerla, ya será a la próxima. Fueron una pareja encantadora que cuidó de nosotros fenomenalmente.

Y así llegamos finalmente a Kingston, Rhode Island. El viaje fue duro, había que pasar cerca de Nueva York y allí hay un inmenso conglomerado de autopistas, muchísimas de peaje. Pagamos alguno, pero nos cansamos de ello y decidimos buscar un atajo. Nos metimos en plena ciudad, empezamos a ver personajes raros raros raros por todas partes… al final vimos un cartel, “Bronx City”. Todo esto del Bronx, esta fama que tiene tendrá una gran parte de leyenda urbana, no sabemos, pero vimos una cantidad de seres extraños por metro cuadrado que ni en San Francisco. Queríamos haber sacado una foto para nuestros amigos bronxtoleños, pero no pudo ser.

La jornada acabó en Kingston, donde nos acogen Brett, Adam, Jessie y Dan , cuatro chavales que rehabilitaron una casa del siglo XIX a cambio de que les dejasen un alquiler barato. Pagan en total unos 600 euros por una casa que es bien grande, con seis habitaciones, cocina, dos baños y dos salones. Aquí está el campus de la universidad de Rhode Island, donde estudian Jessie y Dan. Los otros dos trabajan (Adam, que por cierto es una versión de Albareto) o lo intentan (Brett).

La primera noche nos llevaron a cenar a un sitio de pescados, Aurora está contentísima porque llevamos un par de meses sin tomar nada salido del mar.

Toda esta zona es muy diferente, los pueblos son parecidos a los ingleses (o eso creo, nunca he estado en Inglaterra, pero por las fotos…)

Al final entregamos el coche, aunque fue un lío. El tipo de Los Ángeles de Driveaway nos ha dejado un muy mal sabor de boca, un liante de cuidado. Llamamos al cliente y resultaba que el había dicho que el coche había que llevarlo a Massachusetts. A nosotros el de Driveaway nos había dicho que el tipo seguramente estaría en Massachusetts, pero que dejásemos el coche en casa de la hermana. Al final el hombre se portó y vino el hasta aquí a recoger el coche. Eso sí, de lo del depósito de gasolina vacío, no tenían ni idea, así que de gasolina me temo que no vamos a ver ni un duro. No nos pusimos pesados con el cliente porque pensamos que la responsabilidad total es de la agencia, que ha funcionado lamentablemente en ambos sentidos, hacia el cliente y hacia los que llevaban el coche, nosotros. A ver si no tenemos problemas con el depósito que pagamos, ya veremos. Tenemos que ir a New Jersey a cobrarlo y cruzamos los dedos para que no se nos atraviese la situación, como tantas veces está ocurriendo últimamente.

Anecdotilla: El tipo nos ha comentado que el coche perteneció a la madre de la actriz de la serie “Buffy Cazavampiros”

Por lo demás, hemos paseado por esta zona, así como por el pueblo de Narragansset, donde hemos vuelto a ver a nuestro viejo conocido, el Oceano Atlántico, pensando lo raro que era todo esto, salimos de casa hacia el Este y yendo hacia el Este parece que llegaremos pronto.

Un saludo a Islandia y a Bjork, sin más. Las conclusiones, he decido guardármelas, salvo para los afortunados que ya las hayan leído.

Contra las autopistas

•Octubre 16, 2008 • 3 comentarios

No tengo suficiente con la soberanía para los pueblos, la solidaridad entre naciones, la socialización de los medios de producción. He adoptado una nueva causa. Me declaro enemigo de las autopistas.

Desde el principio de los tiempos, el ser humano ha viajado esencialmente por motivos comerciales. El turismo es un invento del siglo XX. En el pasado, hubo pocos viajeros que viajaban por el mero interés de viajar, aunque los hubo. Algunos, como Herodoto, viajaban (diría qué como nosotros, pero no le llegamos ni a la suela de los zapatos), para ver como eran los distintos pueblos y escribirlo todo. Otros viajeros se encomendaban a causas de distinto pelaje para satisfacer su interés personal de conocimiento. ¿O alguien cree realmente que un navegante genovés quería hacer aumentar el poder económico del Reino de Castilla? En realidad el tal navegante tenía un interés acerca de si la tierra era o no era redonda, y necesitaba financiación para sus viajes.

El turisteo, decía, es algo nuevo. Viajar por intereses sociales o de conocimiento no tan nuevo. Pero el principal motivo para ir de un punto A hacia otro punto B ha sido la relación comercial entre ambos puntos.

El viaje mayormente ha sido por tierra. Los romanos, para facilitar todo esto, fueron pioneros en esto de hacer caminos preparaditos para viajar.

Hasta ahí, de acuerdo todos, creo. El tema es que anteriormente un camino entre el punto A y B pasaba por otros muchos puntos intermedios que se veían también beneficiados. Lo bueno que tenían todos esos puntos intermedios era precisamente estar en medios. Para ir de Madrid a Valencia tenías que pasar por Motilla del Palancar, por lo que Motilla del Palancar se veía beneficiado ya que los viajeros paraban para hacer X. Esto de ser puntos intermedios ayudaba a estas localidades a tener una vidilla comercial, dada toda la gente que pasaba por allí a menudo.

Se inventaron los coches y las carreteras atravesaban todos estos pueblitos. Esto tenía unos inconvenientes, esencialmente de lentitud. Al atravesar cada pueblo hay que reducir la velocidad, parar en los semáforos o en los pasos de peatones, comerse todo el tráfico local… por eso se inventaron las autopistas.

Las autopistas, como todos sabemos, son carreteras especiales a las que sólo se puede acceder por unos puntos determinados y con varios carriles en cada sentido. Su creación responde a satisfacer un deseo necesario de eficacia en el transporte entre los puntos A y B. Yo ahora me meto en la autopista y en mi camino de Madrid a Valencia no paro ni un minuto. Y si expresamente quiero ir a Motilla del Palancar a tomar un chorizito o a visitar a alguien, puedo salir cuando me convenza.

De acuerdo, las autopistas, en el mundo del capitalismo, son ciertamente necesarias hasta cierto punto.

Pero, ¿qué ha conllevado su inmenso desarrollo? Allí en la lejana Iberia o aquí en los Esteits, una inmensa cantidad de localidades han quedado totalmente aisladas. Los pequeños comercios, abandonados. La tendencia urbana de los tiempos que corren es crear megaciudades super densamente pobladas, desapareciendo progresivamente la vida en localidades medianas o pequeñas y en el entorno rural. Disminuyendo así la calidad de vida de toda la población. En los pueblos, al estar aislados totalmente, al centrarse todo en las grandes ciudades (las autopistas no son directamente culpables, sino una consecuencia del modelo actual), desaparece el trabajo y hay que emigrar. En las ciudades vivimos cada vez más hacinados.

En los caminos de siempre, querías parar a comer o a hacer tus necesidades y parabas en este pequeño restaurante local, probabas sus comidas típicas, todo eso. Si querías dormir buscabas algo por el centro del pueblo, algún sitio regentado por alguien de allí. Ahora han llenado todo de esos AutoGrill o similares donde un bocadillo de chorizo es de una calidad ínfima, alto precio y servicio lamentable. Eso por allí. Por aquí por los USA, hay “Travellers Centers” con Burger King, Pizza Hut… lo cuál acaba por ser un aburrimiento total , una categoría alimenticia nula. Vale, libertad de mercado que quieren algunos, pero incluso los que quieren esto, ¿no es aburrido un mundo en el que te encuentras la misma multinacional en cada rincón?. En cuanto a alojamiento, todos los moteles regentados por gente local estaban en el centro de las ciudades. Las grandes corporaciones hosteleras han creado cadenas de moteles con sede en todos los accesos a las autopistas, así el viajero no tiene más que salir, dormir y entrar. El pez grande se come al chico.

Las autopistas, decía, no son culpables en sí mismas de los males del mundo. Pero sí son una herramienta que aísla socialmente. El pasar por muchas localidades aumenta nuestro conocimiento, el ir a pequeños negocios aumenta nuestras relaciones sociales, el trato con individuos más atentos. Es la vigente concepción del mundo la que nos lleva a este aislamiento de unas zonas y a la superpoblación de otras.

Que existan algunas autopistas, bueno, es comprensible en ciertas circunstancias. Pero cuando ya empezamos a hacer radiales y radiales de las radiales de las radiales (o autopistas de cinco pisos, como en Dallas) y autopistas de pago llevadas por empresas cuyos dueños están bien relacionados con las altas esferas del poder…

Un mundo con menos autopistas podría ser algo mejor. Y esa es mi nueva causa.

Sed buenos.

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Carta desde Canyon, Texas

•Octubre 13, 2008 • 6 comentarios

Queridas amiguitas:

Ya lo dice el dicho: Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma. No tenían coches para nosotros en Dallas, ni en Houston, ni en Oklahoma City. Así que ni cortos ni perezosos nos montamos en un avión camino a Los Angeles.

En nuestro último día en McKinney, el vecino Stan nos llevó en su viejo coche al aeropuerto de Fort Worth/Dallas. El vecino Stan es digno de mención porque es la persona más parecida a “The Dude” que he conocido en mi vida. Creo que es el más mítico que hemos conocido en todo el viaje y probablemente en toda nuestra existencia.

El aeropuerto de Dallas, horrible. Muy dificil cambiar de unas salas a otras, hay que estar entrando y saliendo todo el tiempo. Además, me declararon sospechoso. Resulta que entregas tu equipaje, te dan la tarjeta de embarque y cuando vas a entrar donde están todas las puertas, pasan un rotulador especial por encima de la tarjeta. Es un rotulador de estos que “revela” tinta invisible. Y el mío estaba marcado SSSSS: sospechoso. Así que me pasaron un escaner antidroga y antiexplosivos, yo no se por qué pero cuando a alguien le tiene que tocar pasar eso, me toca a mi. Me hubiese gustado guardar mi tarjeta de embarque de sospechoso, pero como sabéis, para entrar en el avión la tienes que entregar, así que sólo pudimos hacer una foto.

Escala en Denver y después a Los Ángeles. En San Francisco nos habían dicho alguna vez que Los Ángeles es “the asshole of the universe”. Es un doble sentido insultante, porque “asshole” significa literalmente agujero del culo, así que por un lado vendría a ser como decir “el culo del universo”, pero también se utiliza como insulto, tipo “gilipollas”, por lo que consideran a los angelinos los más gilipollas del universo. Con esa información tan interesante nos acercábamos a tan famosa ciudad. Desde el avión nos quedamos asustados, llegamos de noche y sólo se veía un gran horizonte luminoso interminable.

Nos alojamos en el barrio de San Pedro en casa de Joanna, que trabajaba haciendo lo mismo que yo en mi vida previaje, sólo que ella tenía que estar en la oficina a las 6:30. Yo ya le explique que en Madrid antes de las 8 no han puesto las calles, así que no se puede ir tan temprano. Vivía con su hijo de 5 años, Nathan, un chaval saladísimo.

En el barrio de San Pedro está el puerto de Los Ángeles. Es un barrio de clase trabajadora que no es tan diferente en su configuración al de Mission en San Francisco, sólo que no hay progres ni bohemios. Sólo currantes, muchas tiendas variadas y vendedores de frutas. Ah, y playa. Fuimos a una playa llamada “El Cabrillo”, si Aurora no iba reventaba y como no queríamos que eso sucediese, tuvimos que ir.

No nos pudimos desplazar demasiado por la ciudad porque el transporte público de Los Ángeles es de los peores que he visto en mi vida. Un día que decidimos ir a hacer de turistas, que de vez en cuando también pecamos, esperamos más de dos horas a que llegase el bus. Ni el 2 en Madrid tarda tanto (máxima espera del 2 registrada por mi, 50 minutos).

El turisteo que hicimos, os lo podéis imaginar. Nos plantamos en Hollywood como dos guiris más, fuimos al teatro chino a ver todas las huellas de los actores (Rita Hayworth tenía minipies; Nicolas Cage, te pega una torta y te arranca la cabeza. Fin de las conclusiones) y por Hollywood Boulevard vimos el Paseo de la Fama con todas las estrellitas puestas en el suelo. Conocía a poca gente de la que había ahí puesta. Fue curioso verlo, aunque nos pareció un poco fiasco. En la tele cuando lo sacan parece un señor paseo y resulta que es una acera del mismo tamaño que la de mi calle en Madrid.

Los Ángeles no nos dio para mucho más, porque si por algo estábamos ahí era por un coche. La oficina de Driveaway de Los Ángeles es de las más activas del país y nos dirigimos allí en busca de nuestro maná. Tenían un coche, dirección a Rhode Island.

De todas las oficinas de Driveaway, esta era la más peculiar. El dueño era un tipo cercano a los 60 con un chisme de estos del teléfono móvil enganchado a la oreja, zapatillas de deporte, pantalón y camisa vaqueros, esta última mitad por fuera mitad por dentro. Pelo canoso largo, gafas de sol todo el rato y rollo “que passsa tíoooo”. La chiquita que nos atendía, tenía un cacao mental incomensurable, pobre, era de sus primeros días, todos hemos tenido primer día de curro. El asunto es que para darnos el coche tardó más de tres horas (en la oficina de San Francisco tardaron 40 minutos y nos pareció la vida).

La oficina de Driveaway estaba en un barrio que sobre el mapa recibía el nombre de Koreatown y vaya si era Koreatown. La mayoría de los letreros en hongul, la mayoría de la gente de la calle, honguls. Todos menos los del Driveaway.

El coche lo tenían en lo alto de un edificio, el edificio adyacente a la oficina, nos tuvieron subiendo y bajando más de la mitad del tiempo.

Al final nos dieron el carro, un Honda Accord del 98. Aurora está que muerde porque después de nuestras dos últimas naves, este es más normalito. A caballo (casi) regalado, no le mires el diente, así que por mi parte no hay quejas. El hippie del driveaway, ladino el, nos lo dio sin una gota de gasolina, intentando colárnosla. Se supone que tienen que dar el coche siempre con el depósito lleno, así que nos quejamos y no sabemos si al final nos darán el dinero o que.

Total, que nos pusimos en marcha dirección Este. Salimos de la California playera y nos metimos en la California desértica. Al Este de Los Ángeles está el impresionante desierto de Mojave. Atravesándolo llegamos a la ciudad de Kingman, Arizona, donde nos acogían Mike y familia. Mike es un profesor de historia, activista antiBush, tiene una casa con un jardín desértico (como todo el entorno) transformado en un parque temático artístico-pacifista. Nos enseñó unos cuadros que hace chulísimos y pasamos una buena tarde con el y familia. Volvimos a ir a un partido de fútbol americano porque una de sus hijas estaba en la banda del instituto, así que ya llevamos dos en dos semanas. Nos parecieron personas interesantísimas, una lástima que nuestro deber nos llamase y no pudiésemos quedarnos demasiado.

Al día siguiente seguimos avanzando por tierras desérticas bajo un fortísimo viento. Había momentos en los que sólo se veía arenas por todas partes. La mayor parte del Este de Arizona, y del Oeste de Nuevo México, zonas por las que fuimos con el coche, pertenecen a los indios Navajos. Son las reservas que les dieron y aquí es donde viven. La entrada a Nuevo México, con carteles de “Navajo Nation”, montañas de estas con cerros rojizos y marañas de ramas rodando con el viento, parecía una película de Sergio Leone. Faltaba la música de Morricone.

A ambos lados de la carretera había muchísimas señales de tiendas de artesanía nativas. Y en la radio hablaban en idioma navajo, con música india y todo. Flipábamos. Una pena no entrar más en contacto con los nativos americanos, extranjeros en su propio país, marginados en su propia tierra. Tendré que informarme más al respecto.

Hicimos noche en el pueblo de Grants, reencontrándonos con la ruta 66 en nuestra vida. Esta ruta casi nos ha traído todo el camino hasta el norte de Texas, cruzando Nuevo México de lado a lado. Paramos en el pueblo de Tucumcari, que creo que es el que más refleja lo que fue esta ruta. Lo recorres y dan ganas de llorar, todo moteles abandonados, restaurantes cerrados…

Por hoy, nuestra ruta termina en el pueblo de Canyon, cerca de la ciudad de Amarillo, donde nos acoge Carl, fisioterapeuta, que ha arreglado el hombro de Aurora (tenso de tanto conducir) en un periquete.

Espero que no se os haya atragantado el 12 de Octubre. Nada que celebrar.